
Cuarenta y tres días después del terremoto del 10 de agosto las soluciones económicas prometidas en la era del tigre (sic) no aparecen por ningún lado en Pereira. Según una investigación ciudadana, a la cual tuve acceso, y que cruza fuentes del SECOP, de ministerios y del Estado, la reconstrucción de la ciudad puede llegar a costar 10 billones de pesos y tardar un periodo de cinco años, según la estimación preliminar del alcalde Mauricio Salazar. El DNP advirtió que esos 10 billones “podrían quedarse cortos” porque el inventario de daños no está terminado. Esta veeduría ciudadana ha identificado que se han comprometido 2.4 billones de pesos, y una línea de crédito por 700 millones de dólares. Pero en el Sistema Electrónico para la Contratación Pública (SECOP II) solo aparecen contratos por 85.377 millones. Es decir, lo que podemos ver los ciudadanos corresponde a un 3.5 por ciento de la cifra anunciada, y 0.28 por ciento de lo necesario. El dinero, como es norma en estos primeros 40 días de una avalancha de sinsentidos comunes de este Gobierno, fluye por ríos subterráneos que no podemos ver. Ha ocurrido en el pasado: baste recordar a Resurgir, cuando ocurrió la avalancha de Armero, en 1985; o muchas de las opacidades denunciadas en el Fondo para la Reconstrucción del Eje Cafetero (FOREC), cuando ocurrió el terremoto en esa zona del país, en 1999. Quienes se atrevieron a denunciar, por supuesto, fueron perseguidos.
Toda catástrofe es una oportunidad para los capitalistas: la Segunda Guerra Mundial fue llamada “la guerra buena” y se convirtió en un mito fundacional para los Estados Unidos: mientras Europa había quedado arrasada, muchos se preguntaron desde entonces lo que ha respondido de manera breve Jacques R. Pauwels, en el libro El mito de la guerra buena: Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial. “¿Por qué muchos influyentes estadounidenses estuvieron a favor del fascismo antes de la guerra? ¿Por qué transcurrió tanto tiempo hasta que Estados Unidos decidió apoyar a las democracias europeas contra la Alemania nazi? ¿Y por qué un ataque japonés contra un territorio estadounidense, Hawai, provocó que Estados Unidos se viera “arrastrada” accidentalmente a la guerra contra la Alemania nazi, en lugar de entrar en ella a propósito? De hecho, fue la Alemania nazi la que declaró la guerra a Estados Unidos y no a la inversa. En cuanto a la posguerra, ¿por qué los dirigentes de Estados Unidos no erradicaron todas las formas de fascismo en Alemania y en otros lugares, España incluida, después de 1945? ¿Por qué en vez de eso eligieron oponerse a los antifascistas?”. Porque Estados Unidos creció económica y militarmente de manera vertiginosa desde entonces, es una de las respuestas.
Una vez pasado el acontecimiento doloroso en el que han fallecido casi 400 personas, y miles han quedado damnificadas sin casa, educación, comida o trabajo, se inicia un ciclo traumático que siguen viviendo cientos de miles de personas en el occidente colombiano. Pero hoy los inquilinos de la Casa de Nariño tienen otras prioridades. A la fecha no se conoce un plan de reconstrucción, al menos de manera pública; no hay diagnósticos municipales, ni responsables, ni cronograma de obras.
Decenas de edificios en el centro de la ciudad son ruinas que amenazan con desplomarse en cualquier momento. Los niños y niñas no tienen colegios, el hambre comienza a campear. Los y las ciudadanas se organizan en medio de una nueva historia de decepción frente al Gobierno central: en las calles hay trueques, economías solidarias, brigadas de limpieza, gente organizándose, comunidades que dicen: “Nos vamos a volver a levantar, claro que sí, no hay que pensarlo dos veces. Creo que ya estamos haciendo hasta lo imposible para volver a retomar”: Juan Esteban Arias; o Edith: “Somos fuertes, somos berracos, porque uno no se cae pues en la primera, sino que vuelve y se levanta y ya queda uno otra vez como pensando en eso, en salir adelante”. El destino parece claro: “No tenemos de otra, salir como podamos, no tenemos más de otra”, señala Álex Díaz, otro pereirano, en testimonios recogidos por el Canal Telemedellín.
Pero el destino hoy no es la resignación. Decenas de ciudadanas y ciudadanos, con las herramientas que existen, y gracias a su pericia como ingenieros, abogadas, profesionales en lo público, se están organizando como la Plataforma de Auditoría Ciudadana de la Deuda y los Fondos de Reconstrucción de Risaralda, cruzando y publicando datos a diario, que son la base de esta columna. Se radican derechos de petición, se busca concertar con los 54 congresistas de las regiones afectadas, se articula con organizaciones políticas. “El tablero de veeduría ya hace público cada anuncio y cada contrato, diariamente; hacemos derechos de petición de reglamento, actas y giros listos para radicar por canales protegidos”. La información es protección frente a los abusos. “La reconstrucción se está financiando con deuda nueva, esos 700 millones de dólares que provienen de la banca multilateral, más créditos territoriales más la deuda de las propias víctimas a una tasa del 8 por ciento. Pero mientras tanto el país llega sin cupo de endeudamiento y con la deuda externa en 247.908 millones de dólares”, dice un informe del diario El Tiempo, de manera extraña.
Los veedores dicen que piden se publiquen las condiciones de cada crédito: “la tasa, el plazo, las garantías, el ejecutor; qué contratos financia, y que nos respondan si es una deuda legítima, quién la va a pagar, y por qué las víctimas deben endeudarse al 8 por ciento mientras hay donaciones que no cuentan con reporte”, me explica uno de ellos. “Nosotros hacemos una línea de auditoría de la deuda con metodología del CADTM, una red internacional de colectivos que se encargan de denunciar, auditar y cancelar deudas que se adquieren de manera opaca, sinuosa, dejando a la población empeñada por generaciones. También auditamos la deuda de la emergencia, y señalamos lo que veamos ilegitimo”.
Bertold Brecht escribió un valioso ensayo para estos tiempos llamado Cinco dificultades para decir la verdad. En un apartado se refiere a la necesidad de la verdad como mecanismo de defensa frente los autoritarismos como los que vivimos en varios lugares del mundo. El fascismo, nos dice Brecht, es una forma de presentar las catástrofes naturales que restituyen al hombre su dignidad porque se dirigen a su fuerza combativa. Esa, sin duda, es la estrategia que se ha puesto en marcha en la luctuosa idea de la Patria Milagro: la regeneración a partir de la destrucción. Mostrarnos sin remedio, crear la idea de que hemos atravesado un gobierno que arruinó a la sociedad, aunque las cifras, los datos, las realidades demuestren lo contrario, es el principio, el lanzamiento.
La catástrofe es una oportunidad para grandes movimientos de dinero que ha recogido la veeduría en tiempo real: al indagar, cruzar información y establecer relaciones entre los capitales que se anuncian pero que no cuentan con respaldos como proyectos de convenios o destinaciones claras, que después se subirían al SECOP, queda una vía expedita para la firma de decretos unilaterales bajo la figura de “urgencia manifiesta” que ya fue declarada.
Aún está por verse cómo se manejarán los dineros del Banco Mundial, que aporta un crédito por 450 millones de dólares, la CAF y el BBVA 200 millones —de los cuales solo 41 serán para la reconstrucción—, Bancolombia 5 billones de pesos en crédito al 8 por ciento; una donación de la CAF por 500.000 dólares y una línea de la CAF con el Banco de Occidente por 50 millones de dólares para rescatar empresas, la banca nacional anunció alivios financieros por 1,1 billones de pesos; y la Gobernación de Caldas pedirá un crédito por 80.000 millones de pesos.
La deuda externa de Colombia hoy es de 247.908 millones de dólares. Colombia aumentó la emisión de créditos por 8.066 millones de dólares, y el presupuesto radicado es de 634, 9 billones de pesos, con un recorte de gasto de 21,9 billones, y quedará sin cupo de endeudamiento. La veeduría de Pereira dice que, según cifras oficiales de las autoridades locales, la ciudad no sabe de dónde saldrán los10 billones de pesos en los próximos cinco años para reconstruirse. ¿Será posible que todas las catástrofes en Colombia terminen beneficiando a unos cuantos mientras que la mayoría debe levantarse del suelo? José Saramago se refirió a su novela, Levantado del suelo, publicada en 1980, en los siguientes términos: “La novela habla de trabajadores. También a trabajadores dirigí las palabras que contiene. Aprendamos un poco, eso y lo demás, también el orgullo propio, con aquellos que se levantaron del suelo y no volvieron a él, porque del suelo sólo debemos querer el alimento y aceptar la sepultura, nunca la resignación”.
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