
Nuestra decimera Beatriz Ordóñez está un poco triste y pesimista. Sus rimas revelan una ilusión menguada y una esperanza en baja. Vamos a ver si la doble conjura de abracadabra y sinsalabín le devuelve su espíritu animoso.
Doy hasta mi último peso
por la ilusión de un futuro;
el porvenir está duro
y el pensamiento está preso.
Si el corazón sale ileso,
tal vez haya una esperanza
de equilibrar la balanza.
Tantos niños, tantos viejos
organizan sus trebejos
y sigue vacía la panza.
Nuestro mundo está amarrado
a una cadena infinita,
y cada eslabón invita
a sentirse equivocado,
incierto y desesperado.
¿Cómo vencer este reto?
Pues yo en esto no me meto;
dejemos al cadenero
que él lo resuelva primero,
y salgamos de este aprieto.
Ayer lo encontré furioso
rascándose la cabeza;
no sé si era por pereza,
por un culillo espantoso,
o por miedo a hacer el oso.
Es que arreglar este mundo
es un trabajo rotundo.
Habrá que ser muy creativo,
emprendedor y proactivo.
Y todo en medio segundo.
Tal vez la magia de un mago
o un oráculo y… perdonen,
los asuntos se componen
en las orillas de un lago
sin dejar ningún estrago.
Abracadabra se dice,
pero nunca se maldice.
Y luego sinsalabín,
hasta que llegue por fin
la cordura y se organice.
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