
¿Estrategia o coincidencia? Así trina Quintero antes de las opa por el GEA
El alcalde de Medellín y su círculo cercano incrementan en Twitter sus ataques al GEA, curiosamente, en las semanas previas a que el Grupo Gilinski lance una opa por alguna compañía del enroque empresarial.
Por: Juan Vásquez
A Daniel Quintero le gusta la confrontación. Desde su llegada a la alcaldía, este ingeniero electrónico de 42 años ha cazado decenas de peleas a nivel local y nacional. En su tierra natal son conocidos sus encontronazos con el gobernador Aníbal Gaviria, el exalcalde Sergio Fajardo, ProAntioquia, la Cámara de Comercio, la universidad Eafit, el periódico El Colombiano y otras personas y organizaciones que han sido blanco de sus señalamientos. En el resto del país, sobre todo recientemente, adquirió notoriedad también por la suspensión provisional que le impuso la Procuraduría General de la Nación después de que publicó un video en sus redes sociales en el que indirectamente invitaba a votar por la candidatura de Gustavo Petro y Francia Márquez. Si bien el Ministerio Público no puede separar de sus cargos a funcionarios electos por voto popular, es igual de cierto que Quintero burló la prohibición legal de participar en política. Al ser apartado temporalmente del cargo, el alcalde denunció que era víctima de “un golpe de Estado” e incluso viajó a Washington D.C. a presentar su caso ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) a pesar de que podía realizar el trámite de forma virtual.
Es común que cada semana Quintero esté involucrado en alguna rencilla o discusión, que aprovecha para afianzar su discurso de que es perseguido por el establecimiento empresarial y político. Sus subalternos, aliados y seguidores replican esa misma narrativa cuando se cuestiona su gestión como alcalde.
Un perfil de El País de España publicado esta semana retoma una frase suya que, según dice el diario, define su personalidad y estilo. Remitiéndose a agosto de 2020, cuando Quintero demandó al Consorcio CCC Ituango —contratista encargado de la construcción de Hidroituango— a través de Empresas Públicas de Medellín (EPM) y causó una ola masiva de renuncias en la junta directiva de la compañía, el diario español recuerda que el alcalde de la capital antioqueña decidió persistir con las acciones legales y se justificó a sí mismo señalando que “para hacer lo correcto no hay que pedir permiso”. Sus palabras explican, en buena medida, su deseo de que lo perciban como un defensor de la ciudadanía, de los menos favorecidos, en contraposición a las élites reinantes.
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