
Del arranque con manivela a la conducción autónoma
La evolución de la tecnología en los vehículos ha permitido un proceso de sofisticación que los convierte, poco a poco, en verdaderos autos fantásticos.
Ha pasado más de un siglo desde aquella mañana en la que Henry Leland, fundador de la marca Cadillac en Estados Unidos, presenció, en 1910, la dolorosa muerte de un amigo que intentó encender uno de los automóviles. Alcanzó a verlo girar la manivela que debía dar chispa al motor y advertir cómo, en un instante, la fuerza de retroceso de la palanca le destrozó la mandíbula para golpear, con ese absurdo accidente, la prometedora historia de la industria automotriz mundial.

El trágico suceso, sin embargo, forma parte de la evolución de la tecnología en los vehículos, pues obligó al empresario a encargarle, a su equipo de ingenieros, desarrollar un sistema de arranque eléctrico que no recurriera a la peligrosa e incómoda varilla. En 1912, y gracias al trabajo de Charles Franklin Kettering –que, además del providencial switch patentó más de 140 inventos a lo largo de su vida (1876-1958)– pudo presentar el Cadillac Touring Edition: el primer automóvil a gasolina que no necesitaba manivela para darle arranque a los sueños.
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