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La nueva Barranquilla y la discusión sobre sus aguas

El proyecto Ciudad Mallorquín está a más de medio kilómetro de la ciénaga y con una vía nacional en la mitad.

El debate público sobre Ciudad Mallorquín ha planteado una nueva conversación sobre el desarrollo del Área Metropolitana de la capital del Atlántico y sobre el manejo ambiental de la ciudad, además de preguntas frente a sus rezagos históricos. De fondo, este debate plantea un dilema entre una ciudad planificada, conectada a los servicios públicos y sometida a estrictos controles ambientales o una ciudad informal que, por fuera de la legalidad, termina por deteriorar los ecosistemas que pretende proteger.

Por: Rainiero Patiño M.

Hace varias décadas que el Área Metropolitana de Barranquilla experimenta un crecimiento acelerado. Muchos de los primeros proyectos de esa explosión inmobiliaria, sin embargo, no fueron desarrollados con el cumplimiento de los requerimientos mínimos de urbanismo. Para la muestra se podrían citar decenas de construcciones formales y algunos asentamientos ilegales. Pero los nuevos proyectos de vivienda tienen el reto de estar enmarcados en una nueva visión de ciudad, acorde con las necesidades de los actuales habitantes y en línea con temas neurálgicos como la movilidad y la regulación ambiental.

En el segmento nororiental de la ciudad se concentra gran cantidad de estos proyectos. Pero, especialmente, la zona conurbada entre Barranquilla y Puerto Colombia es el punto de convergencia de la discusión actual sobre el crecimiento urbano. Hay muchos motivos, desde la magnífica ubicación, pasando por algunos no muy claros intereses de algunos opinadores, la resistencia social de una parte de la sociedad barranquillera, la discusión ambiental, el déficit de vivienda local y los interrogantes sobre la movilidad, entre otros. Lo cierto es que este territorio, históricamente destinado a la minería y a actividades productivas que transformaron el ecosistema original, hoy es el escenario donde también se ejecutan procesos de restauración y conservación ambiental que difícilmente serían exigibles en contextos informales.

Uno de los temas de esa discusión es el manejo de las aguas residuales de todos estos nuevos proyectos y el impacto que estas podrían tener. Para entender mejor la realidad de la ciudad en esta área, primero hay que tener claro que Barranquilla arrastra un problema histórico con el manejo de sus aguas servidas, cuya red todavía está incompleta y presenta grandes retos.

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