
Gabriel García Márquez y la búsqueda sin fin de una paz esquiva
El escritor colombiano actuó siempre con absoluto sigilo y de fracaso en fracaso; y hasta en la mayor adversidad, mantuvo la esperanza en el éxito de una empresa que parecía imposible.
Por Erick C. Duncan
“Esto es lo que se hará, pero que todo sea en absoluta reserva”, era lo que decía García Márquez antes de empezar a conspirar por la paz. Persistente como sus personajes, dio varias batallas en este campo minado; algunas las perdió, pero dejó sembrada la rudimentaria semilla de una búsqueda que debía germinar en una mesa de conversación, con los protagonistas del conflicto sentados.
Su actividad política más fuerte había transcurrido desde mediados de la década del setenta hasta 1980 cuando, de mano de intelectuales y periodistas como Orlando Fals Borda, Enrique Santos y Alfredo Molano, fundó Alternativa, una revista cuyas consignas iniciales eran la insubordinación a conciencia contra la hegemonía mediática y la unión del ramillete de izquierdas desperdigadas y contrariadas del país. El primer artículo con el que contribuyó, Chile, el golpe y los gringos, contaba los detalles del golpe y los días de angustia del presidente Allende con un grado de intimidad poco visto en el periodismo. El artículo fue replicado por importantes medios del mundo, en Reino Unido y Estados Unidos casi que de manera inmediata, al tiempo que Alternativa se posicionaba como la única publicación de su tipo con tal grado de acogida entre la gente. Sus miembros han afirmado con los años que era común que la revista se leyera en las casas, trabajos y centros universitarios; el primer número vendió 10.000 copias en 24 horas.
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