Montevideo y el corazón
Acaban de publicarse las novelas 'Montevideo' de Enrique Vila-Matas y 'Salvo mi corazón, todo está bien' de Héctor Abad Faciolince. La primera es un laberinto fascinante donde bailan todos los temas del gran escritor de 'París no se acaba nunca'. La segunda es una reflexión sobre la belleza y la idea de la muerte, a partir de la figura del desaparecido crítico de cine de Medellín Luis Alberto Álvarez. A continuación, un diálogo posible entre dos textos que parecieran navegar en corrientes lejanas.

Por Sandro Romero Rey
Leí, como si se fuera a acabar el mundo, el Montevideo de Vila-Matas. Debo confesar que soy un adicto a sus libros, en una época en la que ya casi nadie es groupie de la literatura. Los he leído todos y vuelvo a ellos cada vez que no encuentro razones para seguir en este planeta. Conocí a Vila-Matas fugazmente en una fiesta al aire libre en uno de los primeros festivales Hay de Cartagena de Indias y la conversación no fluyó, porque Enrique estaba más interesado en tomarle fotos a una orquesta tropical. Años después, viví un tiempo en Barcelona y lo perseguí por cielo y tierra hasta encontrarlo en el lanzamiento de su libro Fuera de aquí, en el que conversa con su traductor al francés André Gabastou. Ambos me firmaron la hermosa edición y el asunto no pasó a mayores. Un par de años después me llamó un amigo editor para ofrecerme la moderación de dos conversaciones con Vila-Matas en Bogotá. Saqué los 38 libros que tenía del escritor en mi biblioteca y tuve mi primer bloqueo de lector. Decidí entonces no abrir ninguno de los volúmenes y confiar en mi mala memoria. Las conversaciones fluyeron sin problemas y terminamos construyendo una amistad que se refresca, cada cierto tiempo, en discretos correos de dos líneas. Cuento toda esta historia solo para poder enlazar al autor de Montevideo con Héctor Abad Faciolince. “Es como mezclar a Truffaut con Fernando Trueba”, me dijo un amigo furibundo. Le di toda la razón, pero seguí adelante con la lectura del libro del escritor antioqueño. Y decidí escribir estas líneas sobre las dos novelas, sin saber muy bien hacia dónde me dirigía. Pronto me di cuenta de que el azar no existe y de que la memoria tiene sus trapisondas que solo se destapan cuando uno pasa por encima de la resaca y enciende el computador. En el lejano Hay Festival de Cartagena de Indias me crucé también con Abad e intercambiamos credenciales. Yo sé que en Colombia hay muchos escritores que odian al autor de El olvido que seremos, pero a mí no me importa. Supongo que en Barcelona habrá muchos que cambian de acera cuando ven en la distancia a Vila-Matas. Así que, si se trata de desprecios, estamos empatados.
Cada página de 'Montevideo' es una cita que excita la imaginación y se dispara hasta lugares insospechados.
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