Ir al contenido principal
photologuephotos2022-10moliere-okjpg
Cultura

“Todos los grandes personajes de Molière encarnan al ser humano en lo que tiene de excesivo, egoísta y desviado”: Hervé van der Meulen

A raíz de los 400 años del nacimiento de Molière, Laura García habló con el actor y director de teatro francés Hervé van der Meulen acerca del legado y del alcance de la obra de uno de los más grandes escritores de teatro de la historia de la humanidad.

photologuephotos2022-10moliere-okjpg

Por Laura García
En la novela corta El enfermo Molière, del escritor brasileño Rubem Fonseca, su autor crea una atractiva hipótesis de envenenamiento como causal de la muerte del genial Jean-Baptiste Poquelin (o Pocquelin), autoapodado Molière. Tenía, sin duda, muchos enemigos: las víctimas de sus comedias. Pero lo que sabemos de cierto es que luego de actuar en el Palais-Royal el papel principal de El enfermo imaginario —no en Versalles, debido a la intriga del músico Lully (afrancesamiento del apellido italiano Lulli)—, murió a las diez de la noche, acudido por dos monjas anodinas, en su casa de la calle Richelieu, en medio de una irrupción incontenible de sangre (hemoptisis), debido a una tos extrema que rompió una vena pulmonar, porque padecía de "una afluencia en el pecho que le molestaba mucho y a la que estaba sometido durante varios años". Hubo problema para enterrarlo porque para la Iglesia los actores y actrices, que ejercían una profesión "infame", estaban excomulgados. La diócesis de París prohibía darles la comunión a personas indignas, como usureros, actores y criminales notorios. Además, Molière solo hubiera podido recibir los últimos sacramentos y obtener un entierro eclesiástico a condición de que renunciara a su profesión por escrito o abjurara oralmente en su lecho de muerte en presencia de un sacerdote, lo que oportunamente sí había hecho su otrora amante Madeleine Béjart, un año antes —la actriz con quien había fundado el Illustre Théâtre en 1643— para poder ser sepultada y honrada. Y él, el arquitecto agudo y despiadado de comedias, farsas, tragicomedias y comedias-balés, no tuvo tiempo de hacerlo. Había nacido en 1622, hace 400 años, en el hogar del tapicero del rey, y terminaba sus días a los 51 años, luego de engullir un ralo trozo de pan con queso parmesano. La película de 1978 de Ariane Mnouchkine, que lleva el sobrenombre del más montado dramaturgo de todos los tiempos, atestigua su formidable vida creativa y su muerte teatral a pocas cuadras del último escenario que pisó, como el sinigual representador y protagonista de sus piezas que, sin lugar a duda, fue.
La efeméride del natalicio de Molière me sugirió un cruce de ideas con el actor y director francés Hervé Van der Meulen, con quien trabajé en su montaje en 1985 de El burgués gentilhombre en Colombia, en el Teatro Libre.

LAURA GARCÍA: En 2023 estrenará un montaje en Colombia del Tartufo de Molière. Y en 1985 ya realizó acá una puesta en escena de El burgués gentilhombre del mismo autor. Los dos personajes son el arquetipo del trepador social y del hipócrita e impostor respectivamente. Aparte de la clara connotación universal que tienen los personajes del dramaturgo francés, ¿algún motivo en particular para escenificar ahora el Tartufo en nuestro país, aparte de la grata invitación por parte del actor y director Germán Jaramillo para montar la pieza en el Teatro Nacional?
HERVÉ VAN DER MEULEN:
Los personajes de Tartufo y El burgués gentilhombre (Señor Jourdain) no tienen nada que ver entre sí. Tartufo es un personaje negativo, perverso e hipócrita. Jourdain es un ser fundamentalmente positivo. Busca aprender, enriquecerse. No busca aprovecharse de los demás. El señor Jourdain es mucho menos dañino que Tartufo, incluso, aunque pudiera precipitar la desgracia de su hija al casarla contra su voluntad (algo común en el siglo XVII en Francia y Europa). Tartufo es excesivamente peligroso. Es casi un matón, y mucho más inteligente que el Sr. Jourdain, por lo que es difícil desenmascararlo. Si busca engañar a Orgon, su anfitrión, es para arruinarlo y despojar a toda su familia. Además, al final de la obra, Molière decide que Tartufo sea arrestado por estafa y oposición política. Todos los grandes personajes de Molière encarnan al ser humano en lo que tiene de excesivo, egoísta y “desviado”. Denuncian, al ser magnificados (pero siempre con profunda humanidad), los grandes defectos y debilidades nuestros. Esto es lo que es emocionante y me interesa en el más alto grado, especialmente porque hoy podemos encontrar equivalencias en nuestra sociedad contemporánea, puesto que los usurpadores y las estafas pululan por doquier.

Artículo exclusivo para suscriptores

Suscríbete para acceder a todo nuestro contenido.

Suscribirme
Finalización del artículo

Lea los comentarios

Artículo exclusivo para suscriptores

Suscriptores

Compartir en redes sociales