
El duro camino para ser una tenista profesional
María Camila Osorio, tenista colombiana, en la actualidad número 33 del mundo.
El tenis no solo es talento y dedicación. Es un deporte caro, de carreras cortas y donde el éxito parece reservado para un puñado de jugadoras. ¿Por qué es tan duro y costoso llegar a la cima del deporte blanco?
Por Diego Garzón Carrillo
Una famosa declaración del tenista Arthur Ashe en 1975 parece resumir el destino de quienes quieren ser tenistas profesionales: “En el mundo 50 millones de niños comienzan a jugar al tenis, cinco millones aprenden a jugarlo, 500.000 llegan a ser profesionales, 50.000 entran al circuito, 5.000 juegan un Grand Slam, 50 llegan Wimbledon, cuatro a las semifinales, dos a la final. Cuando estaba levantando la copa nunca le pregunté a Dios: ¿por qué a mí?”. Muchos son los llamados y pocos los escogidos” valga el cliché.
La frase del tenista afroamericano que le da el nombre al estadio principal de Flushing Meadows, donde se juega el Abierto de Estados Unidos, describe como ninguna lo difícil que es triunfar en el tenis. Es un deporte donde el camino del éxito está destinado para un puñado de nombres por cada generación y en el que los grandes logros parecen insuficientes. El tenis es un deporte donde perder es la regla, a menos que uno sea Federer, Nadal o Djokovic. Y paradójicamente ser top 100 del mundo es realmente una hazaña que parece insuficiente para quien nunca ha empuñado una raqueta. Colombia tiene un buen pasado y presente en hombres y mujeres: Fabiola Zuluaga llegó a ser 16 del mundo y semifinalista en el Abierto de Australia y hoy, con apenas 20 años, María Camila Osorio ya alcanzó el puesto 33, por citar dos ejemplos. Las dos nacieron en Cúcuta y a las dos las descubrió el mismo entrenador, Edgar 'el Mono' Muñoz. Cuando tenían menos de 12 años él supo decirles que si realmente querían triunfar, que se fueran a Bogotá. Fue él quién les enseñó a jugar al tenis, a empuñar una raqueta, a ser las mejores desde niñas.
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