
“Todo fue a mis espaldas”: arte y lavado de dinero durante el proceso 8.000
El mercado del arte también jugó un papel preponderante durante los años del proceso 8.000, que convirtió en galeristas y marchantes tanto a narcotraficantes como a figuras de la vida política del país.
Por Fernando Salamanca
He tenido el extraño privilegio de conocer las obras de arte incautadas a los capos de la mafia colombianos. Supongo que fue por sacarle jugo a esta exención periodística que, a finales de 2015, me sumergí en los expedientes del Proceso 8.000 y, algunas semanas después, decidí asistir a varias subastas de arte y de decoración organizadas por la extinta Dirección Nacional de Estupefacientes, nombradas por el equipo de mercadeo y comunicaciones de la entidad como Narcobodegazos.
Estas dos primeras aproximaciones, por supuesto, me animaron a indagar más. Hasta esos días, la abundante información que circulaba sobre los personajes que llenaron sus arcas con el dinero del tráfico de cocaína a Estados Unidos era lisa y predecible: anuncios, amantes y vendettas. Así las cosas, este privilegio se convirtió en un reto para darle forma y orden a un acervo de datos de archivo, circunstancias y sujetos que fueron apareciendo durante la revisión de las quinientas carpetas que hacen parte del sumario en contra de importantes personajes de la vida nacional, sus nexos con la organización de Miguel y Gilberto Rodríguez, y también con un sector del arte colombiano.
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