
'Naturaleza casi muerta', homenaje doble al arte popular y a la pintura
Láminas de Gráficas Molinari y obra de Beatriz González basada en una de ellas.
A finales de los años 60 y comienzos de los 70 la pintora Beatriz González se basó en unas estampas producidas por la imprenta Gráficas Molinari para desarrollar su obra pictórica, en particular su serie de muebles metálicos pintados con esmalte sintético. El libro 'Naturaleza casi muerta', del artista e investigador José Ruiz, permite comparar las imágenes originales con el uso que les dio Beatriz González.
Por: Eduardo Arias
Arte culto y arte popular siempre han sido terreno fértil para las discusiones. Y si alguien en Colombia, desde el llamado “arte culto”, ha investigado e indagado acerca del arte popular, sin duda ha sido la artista, historiadora e investigadora santandereana Beatriz González. Recientemente se editó Naturaleza casi muerta, un libro de José Ruiz, quien ha investigado en profundidad el archivo de la artista, en el que encontró un gran material de la Imprenta Molinari, que a partir de 1952 se dedicó a imprimir estampas de temas religiosos y mitológicos (muchas veces un tanto tergiversados) y que le han servido de material de base a diversos artistas colombianos. Él también ha investigado acerca del material que produjo esta imprenta ya desaparecida. Ruiz, quien nació en 1994, vive y trabaja en Bogotá. Estudió Arte e Historia del Arte en la Universidad de los Andes. Su práctica artística y curatorial gira en torno al trabajo con archivos de arte, cine, arquitectura y gráfica popular. Ha realizado proyectos para el Museo La Tertulia, la Biblioteca Nacional, el Museo de Arte Contemporáneo de Bordeaux y el Banco de la República, entre otros. Para conocer el origen de esta publicación es necesario remontarse a 1970, cuando la maestra Beatriz González presentó una obra titulada Naturaleza casi muerta. Se trataba de una figura del Señor Caído de Monserrate que ella había pintado con esmalte sintético sobre una lámina metálica, y lo había empotrado en una cama metálica que había encontrado en una de sus expediciones a depósitos de materiales con su esposo, el arquitecto Urbano Ripoll.

Beatriz González desde el comienzo de su carrera se había interesado mucho en trabajar con base en láminas que encontraba. Sus primeras obras se basaron en clásicos del arte universal. Luego comenzó a trabajar con fotografías mal impresas de revistas y periódicos, y de allí surgió su obra Los suicidas del Sisga, que ganó el Salón Nacional de Artistas en 1965. A partir de allí Beatriz González se interesó cada vez más en el arte popular. En un almacén de objetos religiosos de la carrera sexta con calle 12, en Bogotá, consiguió una gran cantidad de láminas que luego utilizaría en su etapa en la que se caracterizó por el uso del metal como la base y el esmalte sintético para pintar. Compró varias camas de metal, así como mesas de noche, y en ellas pintó imágenes inspiradas o tomadas directamente de estas láminas. Muchos años después el joven investigador José Ruiz decidió indagar en la importancia de esas láminas, que pertenecían a una empresa con sede en Cali llamada Gráficas Molinari, dato que la maestra González desconocía por completo.
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