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Retrato dinámico de Débora Arango
Cultura

Retrato dinámico de Débora Arango

Un perfil de la pintora antioqueña que cuenta momentos relevantes y desconocidos de su vida, alrededor de siete de sus cuadros emblemáticos que también relaciona con episodios de la historia de Colombia.

Por: Luis Fernando Afanador

Portada Débora Arango de perfil

Es fascinante la historia de Débora Arango, la pintora antioqueña nacida a comienzos del siglo XX. Su vida y su obra no concuerdan. Rebelde y vanguardista, llevó una vida monacal. Fue censurada, condenada al ostracismo, pero su obra ha sido expuesta, reivindicada y ha tenido reconocimiento. Aunque no lo suficiente. Todavía falta exponerla más, y sacar cuadros de las bodegas de los museos y de las casas de sus herederos. Falta apreciarla en conjunto, desde nuevos ángulos, e incorporarla, como se debe, a nuestra memoria cultural. Marta Traba, la crítica que en la segunda mitad del siglo XX descubrió y promovió a tantos artistas modernos colombianos, no la incluyó en su ramillete. No salió en la foto.

Revisitar a Débora Arango y recrear el contexto histórico, político y cultural de algunos de sus cuadros más significativos, es el propósito de este libro. Parece una biografía; no lo es. Se anuncia como un perfil, Débora Arango De Perfil, reza su título. Y efectivamente lo es. Desde luego, un perfil sui generis: muchas veces sentimos que abandona al personaje principal por seguir a otros o se enfoca demasiado en acontecimientos relacionados indirectamente con los cuadros. Sin embargo, al final, todo encaja, todo se relaciona, todo tiene importancia y justificación: lo que hemos leído es un retrato dinámico de Débora Arango y de su época. Un retrato intenso, vívido, pleno de resonancias, aún con sus cabos sueltos.

Este libro es una narración, cuyo hilo conductor son siete obras. Una narración con narrador implicado: vemos al autor siguiendo pistas, visitando Casablanca, la casa de Envigado donde se recluyó la pintora, descubriendo un artículo revelador en sus archivos, encontrando testimonios claves, compartiendo con los lectores las dudas y los hallazgos de su investigación y su reportería.

En 1939, Débora Arango, alumna indócil de Eladio Vélez y Pedro Nel Ospina, entonces los dos grandes maestros de la pintura antioqueña, fue invitada a hacer una exposición en el club Unión. Llevó nueve cuadros, de los cuales dos eran desnudos. Los primeros desnudos pintados por una mujer en Colombia. Casi nada: “Se prendió Medellín”. Cabezas nos cuenta los pormenores de aquella censura y de la polémica y cómo llegó Débora, por su propia intuición, a esa convicción artística: “El arte nada tiene que ver con la moral: un desnudo no es sino la naturaleza sin disfraces, tal como es, tal como debe verla el artista. Un desnudo es un paisaje en carne humana”.

Eladio Vélez pintaba bodegones y paisajes; Pedro Nel Gómez, influido por el muralismo mexicano, se interesaba más en lo social. Ambos estudiaron en Italia, fueron amigos; después se pelearon. No parece necesario saber detalles de esa pelea, o del viaje de Eladio que casi se frustra porque lo confundieron en Barraquilla con un falsificador, pero el libro hace esa digresión y sentimos que no sobra. ¿Qué es más importante? Saber cómo llega Débora al expresionismo, cómo supera a Pedro Nel y a Eladio y entender en qué consiste esa corriente pictórica. Y el libro nos lo explica, no teóricamente, sino haciendo otra digresión, o mejor aún, relatándonos la vida y la obra de dos artistas expresionistas: “Así llegué a las historias de Käthe Kolwitz y Elfriede Lhose-Wächtler, dos mujeres que, sin conocerse, se asocian por la fuerza de su arte y su trayectoria con Débora Arango. Las tres anduvieron por un trecho parecido, admiraron y testificaron lo mismo, lucharon contra la guerra, se apropiaron del cuerpo femenino, desafiaron los cánones y, al final, respondieron en silencio y con una obra contundente las amenazas de la censura”.

Uno de los grandes hallazgos del libro es haber conseguido entrevistar a Gloria Gaitán tarea nada fácil, la hija de Jorge Eliécer Gaitán, quien le muestra al autor unas cartas inéditas de éste a su madre, Amparo Jaramillo. “Sé la historia de mi mamá con Débora Arango y le advierto que ella era tan o más revolucionaria que mi padre”. La madre de Gloria, decidida a desagraviar a “su vecina” por lo ocurrido en el club Unión, gestiona con su esposo, ministro de Educación de Eduardo Santos, una exposición de Débora Arango en el foyer del teatro Colón, en aquel entonces,1940, el único lugar disponible para exponer artistas en la capital del país. No fue censurada: fue fustigada por Laureano Gómez desde las páginas de El Siglo, por hacer “arte degenerado”, paradójicamente el mismo argumento que había utilizado Hitler para oponerse al expresionismo alemán, surgido después de la Primera Guerra Mundial. Y no era casualidad: Gómez había sido embajador de Colombia en Alemania y era admirador de Hitler. Una polémica de nuestra historia cultural que vale la pena recordar.

Hay otros hallazgos maravillosos, como el testimonio de Ana Piedad Jaramillo, quien conoció a Maruja Sañudo Uribe, una ciega clarividente, gran amiga de Débora y modelo del cuadro Maruchenga. Historia reveladora de su personalidad que terminará en la calle del Cartucho. Al igual que la del empresario caleño Jorge Zawadsky librado de la cárcel gracias al penalista Jorge Eliecer Gaitán y la de su esposa Clara Inés, que se conectan con Margarita Nelken, una exiliada de la dictadura de Franco en México y crítica de arte; y esta historia, a su vez, se conecta con Käthe Kolwitz y con las mujeres que lograron aprobar el voto femenino en Colombia en 1954, celebrado bellamente por Débora Arango en el cuadro Los derechos de la mujer. Por cierto, aparece Guillermo León Valencia, el abuelo de la candidata a la presidencia de la República, Paloma Valencia, con esta frase: “soy irrestrictamente adverso a la implantación del voto femenino en Colombia”.

Historias de nuestra historia que nos ayudan a desentrañar las historias de los cuadros; historias que inesperadamente se conectan entre sí. Dice el autor: “La historia es un ejercicio de conexiones, de tejer y descifrar un destino relacionando ideas, personas, creencias y casualidades”. Y a fe que lo consigue. Ver el cuadro La masacre del 9 de abril, leer su relato sobre la masacre y luego su interpretación de las cinco historias que cuenta el cuadro, es algo que emociona y enriquece.


Víctor Cabezas
Débora Arango de perfil
Planeta, 2025
198 páginas

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