
Fiar para confiar
Hace 50 años, un grupo de trabajadores paisas logró montar uno de los primeros sistemas cooperativos del país que basan su servicio en creer y, por lo mismo, darles literalmente crédito a sus asociados.
Por Patricia Lara Salive y Germán Hernández
Oswaldo Gómez todavía recuerda el cuaderno de hojas cuadriculadas en donde hubo de garrapatear los nombres de los ahorradores de la cooperativa: eran tan escasos que no se justificaba pasarlos a máquina de escribir. Aquella libreta se guardaba en una oficina del cuarto piso del edificio La Ceiba, en La Playa con Junín, en Medellín, donde solo había espacio para el personal de entonces: él, que era el gerente, y dos secretarias. Para las visitas apenas tenían dos bancas hechas con tablas sobrantes de las cajas de repuestos de Sofasa.
“Oswaldo empezó componiendo y ayudando a imprimir el boletín de la cooperativa. No había que solicitarle una propuesta dos veces”, recuerda de esa época Hernán Gaviria, quien fuera empleado en la década de los años ochenta y parte de los noventa de la que hasta entonces era conocida como Cotrasofasa, una entidad que había sido fundada en 1972 por 33 trabajadores de la ensambladora de vehículos.
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