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El presupuesto que hereda Abelardo de la Espriella: las cuentas que deja Gustavo Petro para 2027
Gobierno Nacional radica para su estudio PGN 2027. Crédito: X: @MinHacienda
Economía
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El presupuesto que hereda Abelardo de la Espriella: las cuentas que deja Gustavo Petro para 2027

El último proyecto presupuestal del Gobierno de Petro plantea un gasto de 575,6 billones de pesos. El Congreso lo discutirá y la nueva administración será la encargada de ejecutarlo.

Por: Juan David Cano

El Ministerio de Hacienda llevó al Congreso el proyecto de ley con el que el país se financiaría durante 2027. El monto radicado es de 575,6 billones, cifra que representa el 27 por ciento del producto interno bruto (PIB), o sea del valor de todo lo que produce Colombia en un año.

Es el último presupuesto que formula el Gobierno de Gustavo Petro, pero no será él quien lo defienda ni lo ejecute. La discusión y el gasto quedan en manos de la administración de Abelardo de la Espriella, que se posesiona el próximo 7 de agosto.

El reparto grueso deja tres bolsas. La mayor, 367,7 billones, corresponde a funcionamiento: la nómina del Estado, las pensiones, el aseguramiento en salud, la educación y las transferencias a departamentos y municipios. La segunda, 118 billones, es el servicio de la deuda, es decir, lo que hay que pagar por los créditos ya tomados y por sus intereses. La tercera, 90 billones, es inversión: obras, infraestructura y programas nuevos.

Sobre esas cuentas pesa una condición. De lo radicado, 30,2 billones, 1,4 por ciento del PIB, no tienen fuente de financiación asegurada. El comunicado de la cartera los clasifica como recursos que llegarán solo si el Legislativo aprueba una norma aparte.

Son, en palabras del documento, "ingresos contingentes sujetos a la aprobación del proyecto de ley de recursos adicionales".

El Gobierno saliente de Gustavo Petro radicó hace algunos días una reforma tributaria con la que espera recaudar 21,9 billones. Ni siquiera aprobada completa cubriría el faltante.

La deuda sube, la inversión se queda quieta

Si se saca el pago de la deuda, el resto del presupuesto crece 0,5 por ciento en pesos corrientes frente a 2026. Como la inflación proyectada para el próximo año es de 4,4 por ciento para la cartera, ese aumento significa que el Estado tendrá menos capacidad de compra real: la plata aumentaría menos de lo que suben los precios.

El contraste está en el otro lado de la cuenta. El servicio de la deuda pasa de 100,5 billones a 118 billones, un alza de 17,5 por ciento, y dentro de ese rubro los intereses crecen 27,6 por ciento. La inversión pública, en cambio, baja de 4,4 a 4,2 por ciento del PIB, y la compra de bienes y servicios de las entidades cae 13,8 por ciento.

Hacienda explica por qué el funcionamiento casi no se puede mover: seis rubros concentran el 86,7 por ciento de su crecimiento. Son el Sistema General de Participaciones (el giro obligatorio a las regiones para salud, educación y saneamiento), las pensiones y asignaciones de retiro, el aseguramiento en salud, el Fondo de Prestaciones Sociales del magisterio, las universidades públicas y los gastos de personal. Todos están ordenados por ley o por la Constitución.

El propio documento califica ese gasto como "altamente inflexible".

Menos ingresos y una lista de reformas pendientes

Del lado de la plata que entra, la proyección baja de 27,3 del PIB en 2026 a 25,5 por ciento en 2027, una caída de 1,7 puntos.

El ministerio da dos razones: el próximo año ya no se contarán los recaudos extraordinarios que produjeron las medidas tributarias expedidas en 2026 bajo la Emergencia Económica, Social y Ecológica (Decreto Ley 150 de 2026), y se espera menos plata por impuestos a las importaciones, porque el comercio exterior se frenaría.

Gustavo Petro, durante un consejo de ministros. Crédito: Ovidio González - Presidencia
Gustavo Petro, durante un consejo de ministros. Crédito: Ovidio González - Presidencia

El ministro Germán Ávila sostuvo que cerrar la brecha entre lo que el Estado recauda y lo que gasta exige cambios de fondo: una reforma tributaria estructural, recortar las rentas que por ley solo pueden gastarse en un destino fijo, aflojar la rigidez del presupuesto y mejorar la calidad del gasto.

También advirtió que el ajuste tiene que ser gradual y apoyado en un acuerdo político amplio, con coordinación entre la política fiscal y la del Banco de la República, para no provocar un frenazo de la economía que termine reduciendo el recaudo y aumentando la presión sobre el gasto social.

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