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De candidato a presidente: la nueva metamorfosis de Abelardo
Elecciones Colombia 2026

De candidato a presidente: la nueva metamorfosis de Abelardo

Abelardo Gabriel de la Espriella Otero, presidente electo de Colombia. Crédito: Reuters.

Colombia eligió presidente en la segunda vuelta más reñida de la historia. Abelardo de la Espriella, un hombre de varios rostros a lo largo de su vida, ganó con un discurso radical y de confrontación. Sin embargo, en su noche de victoria dio el giro hacia el terreno de la unidad nacional. El abogado pasó de tigre a conciliador. Ahora comienza una transición en medio de la desconfianza.

Por: Mateo Muñoz

Abelardo Gabriel de la Espriella es el presidente electo de Colombia. Al menos así lo dice el resultado del preconteo. El rey del espectáculo político no podía celebrar su ajustada victoria de una forma distinta a la de un performance que no tiene nada que envidiarle a un concierto. Luego de aquel episodio en el ferry cuando ganó la primera vuelta, el escenario escogido para la noche del 21 de junio fue una tarima en el Gran Malecón de Barranquilla.

"¡Como te quiero, curramba de mi vida!", dijo el presidente electo entre el estruendo de una multitud que llevaba meses esperando ese momento. De la Espriella celebró de la misma manera en que ganó: fervor popular, símbolos patrios y espectáculo.

Sin embargo, lo que vino después sorprendió, al menos en las formas. El mismo hombre que durante meses presentó la contienda como una batalla existencial por el destino del país, que convirtió cada discurso en una advertencia sobre el abismo y cosechó los réditos de la confrontación, apareció en la noche de la victoria con un mensaje distinto. Habló de unidad. Habló de tranquilidad. Y se dirigió, en particular, a quienes no habían votado por él.

El hombre de los mil rostros

A pesar del giro dramático en la telenovela ‘Abelardo presidente’, su historial como abogado anticipó la reconversión. Pocos personajes de la vida pública en Colombia han demostrado una capacidad tan notable —y a la vez desconcertante— para mudar de piel según las exigencias del momento.

Ha sido abogado penalista de fama nacional, cantante ocasional, defensor del aborto antes de convertirse en uno de sus más férreos opositores; ateo confeso y luego creyente fervoroso; uribista de primera línea hasta terminar ocupando el espacio político que dejó el propio expresidente. Frecuentó el establecimiento antes de declararle la guerra y denunció al régimen de Maduro después de haber defendido durante años a uno de sus hombres más cercanos. Pocos personajes de la vida pública colombiana han transitado tantas identidades en tan poco tiempo. De la Espriella parece haber encarnado, sucesivamente, casi todas las versiones posibles de sí mismo.

La pregunta que el país se hace hoy, y que no cesará hasta muchos meses después, es cuál de todos esos Abelardos va a gobernar. ¿El abogado combativo que incendió las redes sociales con su discurso efectivo? ¿O el De la Espriella conciliador, estadista, dialogante y lejos del autoritarismo?

El discurso de victoria del presidente electo apuntó esa última posibilidad. "Comienza la hora suprema de servicio a la patria", dijo. Palabras que, pronunciadas por el hombre que hace apenas un tiempo llamaba a sus adversarios "plaga" y "bandidos", suenan a un cambio de registro tan brusco que genera alivio pero como escepticismo.

El discurso de la unidad: ¿convicción o estrategia?

El tono conciliador que De la Espriella exhibió en su primer discurso como presidente electo se puede leer de dos formas. La primera es con un voto de confianza. Si se les da credibilidad absoluta a las palabras de Abelardo de la Espriella podría verse que la responsabilidad de conducir un país desde el próximo siete de agosto generó una transformación genuina. Ya no es candidato ni representante de una porción del país, es el símbolo de unidad de más de 50 millones de personas. Comprendió que debe abandonar el lenguaje de trinchera y abrazar una visión más amplia de lo que es Colombia.

La segunda forma de leer la reacción de Abelardo de la Espriella es, por supuesto, con escepticismo. A este compás el nuevo ritmo moderado del presidente electo es el disfraz de un político novato que siempre supo que para llegar al poder hay que encender las pasiones, y que reconoce que para ejercerlo deberá apagarlas así no lo crea.

Lo cierto es que el discurso de victoria estuvo construido con una coherencia llamativa que desvela un intento concreto de moderación.

"No habrá vencedores ni vencidos, no habrá retaliaciones, no habrá persecuciones", afirmó el presidente electo Abelardo de la Espriella. "Sus derechos serán respetados, sus opiniones serán escuchadas, no tendrán que temer por pensar distinto", agregó.

Más allá de los motivos para la nueva máscara de Abelardo, cada frase quedó como un compromiso público que se le recordará siempre que se desvíe del camino.

Finalmente, el juramento que Abelardo le hizo a Álvaro Gómez Hurtado, el político conservador asesinado en 1995, también fue un guiño al establecimiento que siempre dijo despreciar en el último año. Al fin de cuentas, cuando el abogado se posesione, los partidos que miró con desdén serán claves para su gobernabilidad.

La herencia que recibe

En su discurso desde Barranquilla, De la Espriella no fue ajeno a las dificultades innegables que le esperan. "No heredo un país fácil", reconoció el presidente electo. Sabe bien que su victoria fue ajustada, con una ventaja de apenas un punto, algo inédito en la historia reciente del país.

‘Heredo una nación dividida, golpeada, endeudada’, reconoció Abelardo de la Espriella.

La honestidad de ese diagnóstico contrasta con el optimismo casi mesiánico de otros momentos de su discurso, en el que se colaron algunas contradicciones. Para la muestra, dos frases pronunciadas con apenas minutos de diferencia: "La patria milagro comienza hoy” y “no voy a prometer milagros. No voy a engañar al pueblo con soluciones fáciles".

En efecto, el país que recibirá De la Espriella si su victoria se confirma en el escrutinio es complicado: finanzas públicas en rojo, una crisis de seguridad con el contexto de diálogos con grupos armados y una polarización social que no desaparecerá en cuatro años.
Frente a eso, el presidente electo De la Espriella prometió un gobierno "absolutamente democrático y garante de la libertad y la institucionalidad". Aseguró que el Congreso podrá legislar sin presiones del Ejecutivo, que el poder Judicial también podrá llevar a cabo su labor y que los alcaldes y gobernadores tendrán al gobierno nacional como aliado y no como obstáculo.

La sombra de Petro y una nueva oposición

La moderación mostrada por Abelardo tuvo límites. Antes de guardar las garras, De la Espriella les habló directamente al presidente Petro y a Iván Cepeda, a quien llamó “senador electo” por la curul que le corresponde por el Estatuto de la Oposición.

‘Respeten la voluntad del pueblo colombiano. Me eligieron bajo el mismo sistema que eligió a Petro. Al desconocer el veredicto de las urnas no están desafiando al tigre, sino desafiando a millones de ciudadanos’, dijo el presidente electo.

También le envió un mensaje directo a Cepeda: “Contará con todas las garantías para ejercer la oposición, siempre y cuando sea dentro del marco constitucional y legal".

En esa pausa del tono dialogante, De la Espriella dejó abierta una grieta de desconfianza para las millones de personas que apoyaron la candidatura de Cepeda. Las garantías que ofreció para quienes no votaron por él se mezclaron en el mismo discurso con las advertencias en sentido figurado de lo duro que puede ‘morder el tigre’.

Es cierto que por ahora hay un presidente electo con los resultados del preconteo y que los números suelen cambiar muy poco en el escrutinio. Sin embargo, la incertidumbre persiste sobre qué pasará si Petro o Cepeda insisten en desconocer las cifras preliminares o en efecto hay un inédito cambio significativo en la votación. ¿Hacia dónde apuntará De la Espriella? ¿Cómo hará efectivas sus advertencias si se posesiona hasta el siete de agosto, ¿Qué rol tendría Estados Unidos en un escenario así?

Mientras se responden esas y más preguntas, es claro que el tigre ya cambió de traje. Su campaña fue a puro fuego y su discurso de victoria estuvo pasado por agua (templanza, institucionalidad, unidad).

El reto que le espera a De la Espriella comienza donde terminó la campaña. Consiste en convencer a millones de colombianos que siguieron su ascenso con preocupación de que el presidente electo no será una prolongación exacta del candidato. Que hay una distancia entre la retórica que moviliza votos y las responsabilidades que exige el poder. Y que algunas de las ideas que definieron su candidatura difícilmente sobrevivirán al encuentro con la realidad del gobierno

¿Cuánto durará esta enésima transformación de Abelardo de la Espriella?
 

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