
De candidato a presidente: la nueva metamorfosis de Abelardo
Abelardo Gabriel de la Espriella Otero, presidente electo de Colombia. Crédito: Reuters.
Colombia eligió presidente en la segunda vuelta más reñida de la historia. Abelardo de la Espriella, un hombre de varios rostros a lo largo de su vida, ganó con un discurso radical y de confrontación. Sin embargo, en su noche de victoria dio el giro hacia el terreno de la unidad nacional. El abogado pasó de tigre a conciliador. Ahora comienza una transición en medio de la desconfianza.
Por: Mateo Muñoz
Abelardo Gabriel de la Espriella es el presidente electo de Colombia. Al menos así lo dice el resultado del preconteo. El rey del espectáculo político no podía celebrar su ajustada victoria de una forma distinta a la de un performance que no tiene nada que envidiarle a un concierto. Luego de aquel episodio en el ferry cuando ganó la primera vuelta, el escenario escogido para la noche del 21 de junio fue una tarima en el Gran Malecón de Barranquilla.
"¡Como te quiero, curramba de mi vida!", dijo el presidente electo entre el estruendo de una multitud que llevaba meses esperando ese momento. De la Espriella celebró de la misma manera en que ganó: fervor popular, símbolos patrios y espectáculo.
Sin embargo, lo que vino después sorprendió, al menos en las formas. El mismo hombre que durante meses presentó la contienda como una batalla existencial por el destino del país, que convirtió cada discurso en una advertencia sobre el abismo y cosechó los réditos de la confrontación, apareció en la noche de la victoria con un mensaje distinto. Habló de unidad. Habló de tranquilidad. Y se dirigió, en particular, a quienes no habían votado por él.
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