
Calambuco: el rescate gastronómico de un Caribe universal
Milena Lora, cocinera tradicional del Caribe colombiano, y Carolina Molina, heredera del legado gastronómico de Narcobollo, hablan de cómo crearon en Barranquilla Calambuco, una iniciativa que rescata las tradiciones culinarias de la región.
Por: Jesús Bovea
La cocina del Caribe colombiano encuentra nuevas maneras de contarse con el paso del tiempo. Lejos de permanecer intacta, su riqueza se expande, se mezcla y se resignifica, dando paso a propuestas que conservan la esencia de la tradición mientras se atreven a explorar sabores inesperados y experiencias capaces de sorprender tanto a chefs como a comensales.
En medio de esa combinación de aromas, colores y texturas, permanece intacto el recuerdo de la cocina de antaño: los platos que evocan la mesa familiar y las recetas transmitidas de generación en generación. Pero junto a esa memoria aparece también una mirada contemporánea, influenciada por ingredientes, técnicas y tendencias gastronómicas que hoy dialogan con la identidad culinaria del Caribe.
Con esa filosofía surgió en Barranquilla Calambuco, una iniciativa que resignifica el sentido de su nombre, tradicionalmente asociado a un recipiente para guardar alimentos, para convertirlo en un espacio donde las tradiciones culinarias se conservan, evolucionan y celebran como parte del legado cultural de una región que ha hecho de la comida uno de sus mayores símbolos de identidad.
Para saborear hay que recordar
Lo crearon por Milena Lora, cocinera tradicional del Caribe colombiano, y Carolina Molina, heredera del legado de Narcobollo. Ellas han procurado por el rescate y la reconstrucción de las recetas típicas de la región, en las que no solo destaca un proceso de herencia, entendida desde los bollos y amasijos, hasta los fritos, embutidos y arroces compuestos, pasando por las sopas espesas. Esto lo hacen de la mano de matronas de la región, reinventando la cocina con nuevas técnicas que continúan conservando la tradicionalidad y llevándola a nuevas expresiones.
“El Caribe colombiano es un territorio en consideración general amplísimo, y que aunque lo creemos conocido en realidad existen muchas cosas inexploradas de el, sobre todo porque da la impresión que se muestra como esta fuente inagotable de inspiración que da la capacidad de seguir inventando con lo existente. Es allí donde nace Calambuco, una expresión que no solo rescata, sino que crea desde lo conocido”, menciona Milena Lora.
Con esta consigna, y haciendo de la memoria, ellas emprendieron un viaje a los recuerdos de su casa, de su familia, que llenos de mucho sabor se encontraron con la versatilidad de un Caribe en sabores. “Yo crecí en una casa en el que el fogón nunca se apagaba, no era solo para alimentarnos a nosotros, sino que también vivíamos de eso, del esfuerzo de mi abuela, toda un matrona de la cocina, que comenzó haciendo bollos, ese amasijo que pega con todo, y terminó vendiendo casi todos los productos de la región, hechos por ella, y aprendidos de su madre, transformando sus saberes en legado que se hereda”, dice Carolina Molina.
Un Caribe con identidad
En este encuentro ellas se plantean la idea de construir un espacio que no solo sea una conversación sino más bien un laboratorio creativo gastronómico, en el cual se retoman las tradiciones vivas, y se conectan con el mundo, para crear nuevos platos, pero siempre respetando la tradicionalidad de las recetas.
Calambuco surgió con esa intención, la de crear procesos comunitarios, abrir espacios de conversaciones en cada espacio de la región, por medio de las guardianas de la herencia que conocemos como matronas, entendiendo sus recetas, sus procesos culinarios y adaptándolos al presente global.
“El mercado gastronómico ha cambiado mucho, si bien hay un atractivo particular por lo propio, la herencia, y lo tradicional, esto se encuentra en un riesgo enorme por la falta de transferencia de conocimientos. Entre la generación hacedora, que en su mayoría son madres y abuelas, hay un bache generacional por varias razones, una de ellas la globalización, mucha información de comida de otros lados, que ojo, eso no es malo, porque no solo hemos recibido de otras partes, sino que también hemos logrado envíar al mundo, pero lo que sí hay que conservar es el equilibrio de ambas partes”, Mencionan de manera consecutiva ambas cocineras.
Por otra parte, ambas afirman que más allá de recuperar las tradiciones de este Caribe, la innovación cumple un papel fundamental: “Las cosas no son lo que son, sino como se presentan”, dice Milena para añadir que: “En esta visita constante que recibimos lo que procuramos es crear productos con bases locales, con recetarios del diario de la región, pero llevados a muestras más atractivas, sin perder raíz, dignificamos herencia”.

Consecuente con ello, Carolina afirma que este es un momento en el que la gastronomía se consolida como un vehículo de identidad y desarrollo, Calambuco emerge como una iniciativa que conecta el pasado culinario del Caribe colombiano con las narrativas contemporáneas.
Este enfoque también tiene un impacto directo en las economías locales. Al trabajar de la mano con comunidades productoras, la iniciativa promueve circuitos cortos de comercialización y contribuye a la generación de ingresos en distintos eslabones de la cadena de valor gastronómica. De esta manera, Calambuco se consolida como una propuesta que integra cultura, innovación y desarrollo, reafirmando que la cocina no es solo un acto cotidiano, sino una expresión profunda de identidad y un motor de oportunidades para las comunidades del Caribe colombiano.
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