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La guerra en Medio Oriente: así Estados Unidos e Irán combaten a través de sus aliados
Un niño juega en la playa, con embarcaciones en el estrecho de Ormuz visibles cerca de la playa de Bandar Abbas, Irán. Crédito: Reuters
Internacional

La guerra en Medio Oriente: así Estados Unidos e Irán combaten a través de sus aliados

Cinco meses después del inicio de la guerra, el conflicto ya no enfrenta solo a Estados Unidos e Irán. Sus aliados abren nuevos frentes en Irak, el mar Rojo y el golfo Pérsico, mientras la escalada amenaza con extenderse por todo Medio Oriente.

Por: Alejandro Aristizábal

En la noche del miércoles 29 de julio y madrugada del jueves 30 de julio, el Comando Central de Estados Unidos abrió una operación de dos horas contra decenas de objetivos de la Guardia Revolucionaria Islámica, entre ellos centros de mando militar e instalaciones de drones, según su propio comunicado.

La operación fue la represalia por los repetitivos lanzamiento de misiles por parte de Teherán desde el 28 de julio contra las tropas estadounidenses en Oriente Medio. En específico a los misiles balísticos que lanzó contra tropas estadounidenses apostadas en Jordania.

Irán aseguró que, además, atacó a tres petroleros que intentaban cruzar Ormuz por una ruta no autorizada y volvió a afirmar que controla el paso. Sobre esa misma vía rechazó la propuesta que Omán le presentó con respaldo de los países del Golfo, un plan para gestionar el estrecho de forma conjunta que incluía el cobro de tasas voluntarias por su uso. Ormuz se ha vuelto el principal escollo de cualquier negociación y el punto que dispara, una y otra vez, la escalada, ya que Estados Unidos se resiste al control que Irán ha ejercido sobre el pasaje.

"Ahora nos toca a nosotros", dijo Donald Trump desde la Casa Blanca, y prometió golpear con dureza, sin dejar de repetir que Washington todavía busca un acuerdo de paz. Cinco meses después de su inicio, el 28 de febrero, la guerra entre Estados Unidos e Irán ya traspasa las fronteras. En una sola semana, el fuego alcanzó Irak, rozó Egipto y tensó a Arabia Saudita. 

En junio, ambos países habían alcanzado un alto al fuego para mejorar el paso por el estrecho de Ormuz. Aunque la paz no duró mucho, este domingo 2 de agosto volvió a verse una luz en medio de las hostilidades. El presidente Donald Trump dijo que las negociaciones con Irán se reanudarán el lunes, apenas un día después de que informara que canceló un “gran ataque” contra ese país.

La alianza marítima de Arabia Saudita

El giro más significativo de la semana lo dio Arabia Saudita. El miércoles, sus fuerzas y las estadounidenses bombardearon juntas a grupos alineados con Irán en el este de Irak, como represalia por los ataques con drones contra objetivos petroleros saudíes lanzados desde territorio iraquí. 

Fue la primera vez que Riad se sumó públicamente a una ofensiva junto a Washington. Días antes, los hutíes de Yemen, aliados de Teherán, habían declarado un bloqueo naval contra el reino y la respuesta saudí llegó por dos vías: la militar, con esos ataques, y la diplomática, con la convocatoria de una coalición marítima para responder de forma colectiva a la presión sobre las rutas del petróleo en el mar Rojo.

Para Felipe Higuera, director del programa de Relaciones Internacionales de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas de la Universidad El Bosque, esa coalición es por ahora "más una idea política en construcción que una alianza militar plenamente operativa". 

El miércoles 29 de julio, Arabia Saudita envió una invitación a representantes de 43 países y obtuvo el respaldo inicial de tan solo 14. Pero no hay todavía un mando integrado, reglas de enfrentamiento ni compromisos militares concretos. Su efecto inmediato, dice Higuera, es sobre todo un mensaje: la advertencia de que una presión simultánea sobre Ormuz y sobre Bab el-Mandeb puede generar una respuesta conjunta. “La ausencia de Omán y de Emiratos Árabes Unidos entre los primeros respaldos, muestra que el Golfo no tiene una posición homogénea”, añade el experto.

El salto que dio Riad no es menor. "Con los ataques en Irak, Arabia Saudita cruzó el umbral entre proteger su territorio y participar directamente en operaciones ofensivas fuera de sus fronteras", explica Higuera. Ese paso reduce la ambigüedad que el reino había tratado de conservar en medio del conflicto, al no alinearse del todo con Israel.

No en vano, tras los ataques conjuntos, Reuters reportó que el ministro de Defensa saudí se reunió el mismo miércoles en Washington con el vicepresidente JD Vance para pedirle al Gobierno de Trump que no agrave el conflicto atacando a los hutíes ni golpeando de nuevo a las milicias iraquíes.

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Se exhibe un sistema de misiles en la plaza Azadi de Teherán, Irán. Crédito: Reuters.

La guerra en Medio Oriente abre nuevos frentes

El rasgo más inquietante de estos días es el geográfico, ya que la guerra no ocurre en un solo lugar. En Irak, las Fuerzas de Movilización Popular, paramilitares proiraníes incorporados a las fuerzas de seguridad de ese país, contaron que al menos 50 de sus hombres terminaron muertos o heridos en los ataques de Estados Unidos y Arabia Saudita. 

La presidencia iraquí calificó los bombardeos como "un ataque inaceptable y una violación flagrante de la soberanía de Irak". El primer ministro, Alí al-Zaidi, pidió a las partes evitar la escalada y mantener al país por fuera de los conflictos regionales.

Los otros frentes se abrieron casi en simultáneo. En Egipto, un dron impactó un buque cisterna de almacenamiento de gas de propiedad estadounidense en el puerto mediterráneo de Damieta el miércoles 29 de julio. El Ministerio de Petróleo confirmó un incendio, pero no mencionó ataque alguno y la autoría quedó sin esclarecer. En Jordania, las bases estadounidenses volvieron a ser blanco de los misiles iraníes.

Entonces, queda por ver si esto es un reinicio deliberado de la guerra o la señal de una fractura interna en Teherán. Higuera se inclina por una respuesta intermedia. "No hablaría de un reinicio desde cero", advierte. Lo que hay, dice, es "una reescalada dentro de una guerra inconclusa", después del colapso de los intentos de negociación. A su juicio, los ataques iraníes persiguen tres cosas: demostrar que su capacidad militar no fue destruida, elevar el costo de la presencia estadounidense en la región y recuperar poder de negociación sobre Ormuz.

Pero también reconoce divisiones reales dentro de Irán: entre los sectores que priorizan una salida diplomática y una Guardia Revolucionaria que ha ganado influencia durante la guerra. Ambas explicaciones, concluye el experto, pueden coexistir: no hay evidencia suficiente para leer cada ataque como una pérdida total del control del Gobierno central, pero sí para afirmar que la guerra ha profundizado la militarización del poder iraní. Es esa militarización, extendida ahora a los aliados de un bando y de otro, la que amenaza con convertir un conflicto de dos países en una guerra de toda una región.

Los estrechos de Ormuz y Bab el-Mandeb quedaron bajo amenaza casi al mismo tiempo, un elemento que confirma esa dimensión regional de la guerra. “No parece una coincidencia”, dice Higuera, “aunque tampoco conviene imaginarlo como una operación dirigida por completo desde una sola sala en Teherán”. Antes del bloqueo, a los hutíes se les pidió prepararse para interrumpir Bab el-Mandeb si Estados Unidos ampliaba sus ataques, una señal de coordinación.

Lo que resulta de ahí es una convergencia estratégica: Irán controla o amenaza el acceso a Ormuz mientras los hutíes presionan la salida saudí por el mar Rojo, y la suma convierte dos conflictos regionales en un problema global. Sus efectos ya se ven, según el experto, en terceros países obligados a involucrarse; en el encarecimiento de la energía, el gas y el petróleo; y en rutas comerciales que deben buscar alternativas.

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