
Iván Cancino: un abogado del diablo
Iván Cancino y uno de sus trinos en el que defiende el oficio del abogado.
Hijo de dos eminencias del derecho, Iván Cancino ha ejercido su profesión de una manera polémica. Algunos le reprochan sus estrategias y otros consideran que es el litigante más efectivo de Colombia. Esta semana ha estado envuelto en dos escándalos por las actuaciones de sus clientes Carlos Mattos y Diego Cadena.
Enilce López, alias la Gata, la turbia empresaria del chance condenada por homicidio; Carlos Mattos, el estrafalario billonario de las páginas sociales, confeso sobornador de jueces; Víctor Maldonado, magnate en desgracia acusado del desfalco de InterBolsa; Diego Cadena, el oscuro visitador de cárceles que se define a sí mismo como “abogánster”; y Cayita Daza, la antigua asistente del senador Álvaro Uribe, amiga de alias el Ñeñe y quien no ha pronunciado una sola palabra cuando ha sido llamada por la justicia. Todos ellos tienen en común al abogado que escogieron para defenderlos: Iván Cancino González, penalista, hijo de quien fuera uno de los más célebres criminalistas de Colombia, Antonio José Cancino, y de Emilssen González, una reconocida académica que dedicó su vida a la enseñanza de las leyes.
Es verdad que ningún abogado es responsable de las acciones de sus clientes –si él no ha participado en ellas– y que toda persona tiene derecho a la defensa. Sin embargo, el listado de clientes y la estrategia de defensa de Cancino no dejan de llamar la atención.
Por cuenta de su legado, Iván Cancino empezó su carrera rodeado de los mejores augurios, pero se ha hecho famoso, más bien, por su habilidad para caminar por el límite de los códigos, usar hábilmente los vencimientos de términos, las tácticas dilatorias y por ejercer su trabajo como defensor de manera controversial, con una serie de prácticas cuya ética no convence a todos sus colegas.
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