
Los cuestionamientos que quedan tras los testimonios de policías sobre la tortura y el secuestro de dos empleados de la finca de Greeicy Rendón y Mike Bahía
En el expediente contra Luis Alberto Rendón no solo están las declaraciones de los dos constructores que fueron víctimas de tortura y secuestro, sino también de los policías e investigadores que los encontraron encerrados y violentados. CAMBIO revela los detalles de la investigación.
Por: Sylvia Charry
El expediente contra Luis Alberto Rendón y los cinco escoltas de Mike Bahía y Greeicy Rendón, por el supuesto secuestro y la tortura de dos trabajadores de la finca, está lleno de testimonios que muestran un relato consistente. Según la investigación, en la mañana del lunes 8 de mayo de 2023 cinco hombres que prestaban sus servicios como escoltas de los artistas llegaron a la finca de ellos, ubicada en Llanogrande, Antioquia, y amedrentaron, torturaron y secuestraron a dos trabajadores por ser sospechosos del hurto de una caja fuerte con dólares, euros y joyas, por un valor de unos 1.000 millones de pesos. Las víctimas, Elder y Francisco, aseguran que quien los puso a disposición de los escoltas fue Luis Alberto Rendón, padre de la artista.
Para entender cómo los testimonios amarran la hipótesis de la Fiscalía es importante conocer la cronología de los hechos contada por cada uno de los testigos. El primer testimonio que cita el expediente es el de Edwin Vargas, el guardia de seguridad del conjunto. Él le contó a la justicia que sobre las 7:25 de la mañana una camioneta Toyota TXL entró de manera intempestiva al conjunto y llegó a la finca de los artistas. Según él, se acercó y le preguntó al jardinero de la finca quiénes eran y este le contó que dos de los hombres que habían llegado estaban hablando con “don Alberto” y que la gente que había llegado era “como rara”.

Luego, dijo el celador, sobre las 9:05 de la mañana escuchó unos gritos que provenían de la finca de los artistas y que, en ese momento, escuchó una voz masculina que decía “que él no sabía nada”. Por eso, asegura, se acercó y vio a varios hombres vestidos de negro, uno de ellos portando un arma de fuego tipo fusil. Vargas asegura que llamó de inmediato a su supervisor porque temió que se tratara de un secuestro. Según su relato, 20 minutos después llegaron dos patrulleros de la policía en moto quienes, al escuchar su relato, pidieron apoyo. Doce minutos más tarde, en el lugar ya había varios policías.
Los primeros en ingresar a la vivienda, según el patrullero Jorge Manuel Espinosa, fueron los uniformados del esquema de seguridad del expresidente Álvaro Uribe Vélez, quien vive en el conjunto. Fueron ellos, según el patrullero, quienes abrieron la vivienda y se encargaron de “reducir” a los hombres que estaban en el lugar. Luego, entraron los patrulleros Espinosa y Édgar Augusto Solano, quienes realizaron las capturas. Espinosa confirmó a la Fiscalía que encontraron a los dos constructores en estado de shock y ensangrentados. Estaban en lugares distintos de la casa.
“Reduce a los hombres que se encontraban allí, quienes manifestaron ser del esquema de seguridad de la familia de los cantantes, observó también a dos hombres, las víctimas. Uno de los señores estaba herido, le estaban prestando primeros auxilios, lo sentaron debajo de una palmera para que se refrescara, él tenía un golpe en la cabeza, tenía herida abierta, la cara estaba golpeada, tenía mucha sangre, esta persona les pidió que le dieran los audífonos, pues no escuchaba. También sacaron a otro hombre de un cuartico pequeño, estaba todo mojado y le manifestó que le estaban metiendo una manguera en la boca, que le decían que cantara donde estaba eso, que les preguntaban por algo que se había perdido y que por eso los golpeaban”, relató el patrullero.
El uniformado contó que no vio que los capturados portaran armas en ese momento que ingresó, pero confesó que tampoco entraron a la casa. Su relato coincide con el que le dio a la justicia su compañero Solano.
“Al llegar a la primera portada había unos hombres sentados en la grama, los hombres decían que eran escoltas de la familia y preguntaban qué estaba pasando. Los compañeros abrieron la puerta de un cuartico que había y desde allí vi a un señor que estaba sentado como en un sofá, pero estaba caído hacia adelante, con los brazos a los lados caídos, muy ensangrentado, él estaba en shock, temblaba mucho, había sangre en las paredes, en el piso, por todo lado. Luego, sacaron a otro señor que lo tenían en otra piecita, estaba muy mal, lo sacaron todo desmadejado, sin fuerza, lo llevaron alzado, estaba muy mojado y vomitaba mucha agua, no paraba de vomitar agua”, narró Solano.
Como los hombres no respondían, Solano sugirió pedir apoyo de personal médico, pero, según su relato, le dijeron que no lo enviaban porque “no ameritaba enviar ambulancia de la Alcaldía”. Por eso, fueron atendidos por un policía que sabía de primeros auxilios. El patrullero le contó a la justicia que los dos heridos no dijeron nada hasta que los separaron de los hombres de negro y, luego de eso, contaron lo ocurrido. También, igual que su compañero Espinosa, dijo que sabía que los hombres estaban armados, por lo que habían manifestado el vigilante y las víctimas, pero que no vio armas a su alrededor. A pesar de ello, dijo, no entraron a la vivienda.
Las primeras actuaciones en la escena de un delito son claves porque es allí donde se recuperan las pruebas necesarias para acusar a las personas. Muchas veces, los testimonios no son suficientes para que la justicia logre condenas. Eso, por ejemplo, fue cuestionado por la fiscal que capturó a Luis Alberto Rendón la semana que pasó. Según su relato, esos denominados actos urgentes fueron manejados irregularmente por los policías que atendieron el caso por supuestas “presiones desde Bogotá”.
“Llevamos dos años en la investigación y eso no está en el papel, pero lo sé por manifestación de la policía, todas presiones desde Bogotá porque se trataba del inmueble de dos cantantes reconocidos, Greeicy y Mike Bahía, para que no se inspeccionara la vivienda, para que no se encontrara el vehículo y las armas y se pusieran a disposición. Cómo es que los policías llegan ahí, ven dos personas altamente lesionadas que cuentan del secuestro y la tortura, y en la flagrancia no buscan las armas que portaban los cinco ciudadanos. Porque el guardia de seguridad (que alertó a las autoridades), sabe de armas y dice que vio un fusil y estos señores (víctimas) dicen que vieron una escopeta larga y una pistola. Dónde quedaron las armas, pero dicen que de Bogotá llamaron y que tal y que tal”, cuestionó la fiscal del caso.
El encargado de los actos urgentes, por parte de la Fiscalía, fue el investigador Héctor Vélez. Según reposa en el expediente, Vélez inspeccionó el lugar donde ocurrieron los hechos en compañía de Luis Alberto Rendón y, ahí, encontró e incautó elementos que sirvieron como prueba y de los cuales quedó registro fotográfico: una soga plástica de color beige; manchas de sangre sobre el piso; un martillo metálico con presencia de óxido y cemento, el cual fue hallado sobre una nevera pequeña de color amarillo; mancha de sangre ubicada a una distancia del piso de aproximadamente 1,65 centímetros, y papel higiénico de color blanco impregnado de sangre.
“Según lo visto en la escena, esta da a entender que en el apartamento objeto de inspección existió una tortura a personas dada la cantidad de sangre dispersa en todo el espacio, tales como muebles, piso, paredes, baño, lavadero de manos, entre otros”, dice el expediente.
Una de las incógnitas más grandes para los investigadores del caso es cómo los policías no entrevistaron a Luis Alberto Rendón si era el encargado de la finca en ese momento. Incluso, también pudieron haber recolectado las versiones de la esposa de Rendón y de un sobrino de ellos que también estuvo en el momento de los hechos.
Las voces de los golpeados: el espejo de lo que consignó la Policía
El relato de las víctimas es aún más aterrador. CAMBIO también lo reveló y aquí puede ver sus versiones. Para resumir, a Elder le abrieron la mandíbula y le metieron a la boca una manguera hasta la garganta –que abrían y cerraban– llenándolo de agua. Elder cuenta que, mientras uno de los hombres hacía eso, otro lo ahorcaba. El trabajador asegura que también lo golpearon por todo el cuerpo hasta que perdió el conocimiento.
A Francisco, de 61 años y con discapacidad auditiva, lo golpearon en la cara y el cuerpo con un martillo y, con una pistola, “le pegaron un cachazo en la cabeza”. El golpe fue tan fuerte que se cayeron al suelo los audífonos que usaba para poder escuchar. Luego, con una cabuya, lo amarraron a una columna y usaron un martillo para seguirlo golpeando. Francisco asegura que perdió el conocimiento y que solo recuerda que siguieron amenazando con matarlo mientras le metían una pistola dentro de su boca hasta hacerle sangrar las encías. Ambos aseguran que fue Luis Alberto Rendón el que los entregó a los hombres y, uno de ellos, Elder, asegura que luego de haberlo torturado lo volvieron a llevar con Rendón para que confesara. Tampoco lo hizo. Tiempo después fueron rescatados por la Policía.
En todo caso, los patrulleros Espinosa y Solano, adscritos a la subestación de Policía Llanogrande de Rionegro, capturaron en flagrancia a los cinco escoltas de los artistas: Kevin, Brandon, Ariel, Gelber y Geovanny. Ninguno aceptó cargos y hoy están en la etapa final del juicio. La Fiscalía terminó la investigación la semana que pasó con la captura de Luis Alberto Rendón, que tampoco aceptó su responsabilidad por los cargos que le imputaron como presunto responsable de secuestro simple y tortura, es decir, irá a juicio. Según la hipótesis de la Fiscalía, Rendón fue coautor en los hechos, o sea, es directamente responsable porque fue el que supuestamente entregó a los dos trabajadores a los escoltas para ajusticiarlos.
Para la Fiscalía, la única explicación que existe de que no hayan denunciado el hurto de la caja fuerte cuando ocurrió sino dos días después, y luego de las capturas de los cinco escoltas por la tortura y el secuestro de los dos trabajadores, es que lo habían planeado con anterioridad y ese lunes 8 de mayo, estaban esperando que llegaran para hacer justicia con mano propia.
En Colombia, son contadas las veces en que la justicia decide ir hasta el fondo y entregar todas las respuestas. Este caso, con sus zonas grises y silencios procesales, lo demuestra. Aún no se sabe si lo ocurrido en la finca La Soledad fue parte de un plan criminal más amplio ni por qué la investigación dejó sin resolver piezas tan evidentes: la búsqueda de armas, la incautación de celulares o la inspección exhaustiva del lugar.
Tampoco resulta comprensible que la captura de Luis Alberto Rendón se haya producido dos años después, cuando los delitos de secuestro simple y tortura están entre los más graves del código penal. Este expediente vuelve a poner sobre la mesa la pregunta por la igualdad ante la justicia. Como advirtió la fiscal del caso durante la audiencia: “La justicia no puede tener ojos distintos para las personas reconocidas públicamente”.
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