QUE PASE EL SIGUIENTE

En ritmo de bambuco nos regala Beatriz Ordóñez sus décimas de hoy, salpicadas de recuerdos, filosofía del presente y temores sobre el mundo que heredarán las nuevas generaciones.
Y un corazón vagabundo
Yo también tuve veinte años
y pude ver a mi entorno,
la miseria sin adorno,
y el horror de tantos daños
causados por los extraños.
La violencia se ensañaba
con todo el que protestaba
pidiendo un mundo más justo
donde no nos diera susto.
Hoy la paciencia se acaba.
Los que siguen tras nosotros
tienen que vivir la vida
con la esperanza perdida
como desvalidos potros.
Hoy los caminos son otros:
¿cómo miramos de frente,
en esta vida inclemente,
a un joven que nos cuestiona
por qué unos tienen corona
y otros la cruz en la frente?
Habrá que hacerse el gracioso
y volver broma la vida,
con la verdad escondida
y el espíritu jocoso.
Contar chistes sin reposo
y andar medio indiferentes,
como tantos presidentes
que son ciegos, sordos, mudos,
pero se las dan de rudos
y de muy inteligentes.
El mundo patas arriba,
la guerra abriendo camino
y nuestro incierto destino
anda tragando saliva.
La incertidumbre es nociva.
Cuando estaba chiquitita
con su inocente carita
mi nieta mayor decía
con mirada de alegría:
—Pero la vida es bonita…
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