EL APO, EL AGA Y EL ARMA…

¿Está cerca el final? ¿Se aproxima el Apocalipsis? ¿Asoma el fantasma del Agamenón? ¿Golpea a nuestras puertas el Armagedón? Poco antes de terminar su mandato, el expresidente Gustavo Petro se planteó estas dramáticas preguntas. La naturaleza ofrece su tumultuosa, caótica respuesta y, una vez más, es un poeta el escogido para interpretarla: el gran Puchero (para los amigos, César Betancur).
No sé ni cómo empezar,
es imposible un compendio
cuando hay terremoto, incendio
y colapso de un glaciar.
Nos amenazan el mar
y el subsuelo que se agrieta;
nos aculilla un planeta
que se la pasa temblando
y que no nos está hablando
sino echando cantaleta.
Cuando hay calor, ¡qué bochorno!,
todo el día me abanico
y soy como un kokoriko
dando vueltas en un horno.
El clima sufrió un trastorno,
quema el sol cuando se nombra,
arden la cama, la alfombra,
la brisa sanseacabó,
con razón Petro nombró
un gabinete en la sombra.
Amenazas de apagón,
de tsunami, de huracán,
que parece que un volcán
ya va a entrar en erupción.
Cómo será el calentón
del fenómeno del Niño
que, después de tanto aliño
pa instalarse en La Arenosa,
hoy Abelardo reposa
en la Casa de Nariño.
Llega el invierno e inunda
lo que el viento se llevó,
y sequía que pasó
regresa más iracunda.
Cada vez es más rotunda
la sensación del final,
por incendio forestal,
por el deshielo del norte,
¡ya pa’ qué aprueba la Corte
la reforma pensional!
Suenan las siete trompetas,
el Apocalipsis viene,
el hambre no se detiene,
gritan los falsos profetas.
Pululan los proxenetas,
los impíos, los infieles…
y contando los corceles
no son cuatro sino siete
porque a los cuatro jinetes
se suman los tres Danieles.
Solo hay una solución,
y es mudarnos a otra parte.
A mí se me ocurren Marte,
o Júpiter o Plutón.
Pero antes, de corazón
arrugado y medio roto,
pido como el más devoto
seguir uniendo las manos
en favor de los paisanos
víctimas del terremoto.
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