EL MÉRITO DE SER AMIGO O SOCIO

No recuerdo las palabras exactas que usó en su posesión el presidente Abelardo de la Espriella, pero la vehemencia de sus gestos estaba a tono con el lenguaje corporal excesivo. “El único mérito que reconocerá mi gobierno es el mérito mismo”, dijo textualmente. Y nos prometió, entre otras cosas, que en la Patria Milagro no habrá lugar para prácticas corrompidas de la vieja política, como el clientelismo y el nepotismo.
Sin embargo, la prensa, cumpliendo el papel que se espera de ella en una democracia, ha señalado preocupantes ejemplos que violan esta promesa.
El diario español El País ofreció el sábado 22 una lista de personas “cuestionadas por distintos sectores de la opinión pública”.
Estos son algunos de ellos:
Jaime Andrés Uribe, “creador de una marca de ron”, actividad comercial alcohólica en la que también se ha destacado el propio presidente. Su colega está entre los que dirigen la reconstrucción de las zonas arrasadas por terremotos.
Como nuevo director de Planeación Nacional fue designado Julián Buitrago, “activista digital de extrema derecha, acusado de acosar en redes sociales y difundir noticias falsas” (El País). Desde diversas bodegas y con variados sobrenombres atacó durante la campaña a rivales del candidato De la Espriella. Su precaria formación para un cargo de alta responsabilidad fue criticada por congresistas y economistas. Ser cuota del alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez, constituye su mayor mérito.
Personaje famoso por sus ataques vulgares, insultos y amenazas contra periodistas libres y adversarios políticos es Didier Fabián Blanco. Él —qué paradoja— será el ratón encargado de cuidar el queso, en su calidad de nuevo director de la Unidad Nacional de Protección de Colombia.
El gobierno recién nacido consoló a la doctora Lina Garrido Cervana de su fracasada aspiración senatorial al nombrarla directora del Instituto Colombiano Agropecuario (ICA). Pero, según El País, “su inexperiencia en el sector y su falta de preparación académica” la llevaron a buscar otro cargo. Le asignaron nada menos que el de directora de la Agencia Nacional de Tierras, nervio clave para el desarrollo campesino y la justicia social.
En la lista de defectos a los que el Tigre inaugural profirió su vade retro mencionó el nepotismo y el clientelismo. Pero no dijo nada del societarismo —los privilegios por haber tenido negocios juntos con el que nombra— como falso mérito para lograr puesto en su administración. Tal vez por eso, la hoja de vida de ciertos candidatos brilla con luz de oficina si el aspirante fue socio de la firma de abogados del actual presidente, dedicada sobre todo a la defensa de acusados, entre ellos algunos reos vinculados al narcotráfico. De allí proviene Diana Bravo, designada presidenta de la Sociedad de Activos Especiales (bienes incautados a delincuentes).
También formaban parte del bufete Rosalín Orozco Becerra, hoy subdirectora general de la Presidencia; María Fernanda Sandoval, jefe de comunicaciones; Jensy Osorio, directora de la Unidad de Víctimas y Julia Eva Pretelt, superintendente de Sociedades. Un caso magistral de equilibrismo en la silla giratoria es el de Andrés Barreto, zar de Industria y Comercio de ingrata y un poco ridícula recordación durante el gobierno de Iván Duque y luego jefe de De la Espriella Lawyers, a quien ahora encontramos como director jurídico de la Presidencia de la República.
Por parejas también vale. La nueva directora de la Unidad de Víctimas es Jensy Johana Osorio Porras, antigua abogada de la firma del presidente felino, mientras que su esposo, Andrés Felipe Velásquez, ejerce como jefe de la DIAN (Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales).
Cofundadora de la firma matriz fue Yoly Beatriz Illidge Pimienta, la nueva superintendente delegada de Notariado y Registro. La abogada Illidge fue esposa del Tigre durante tres años.
Tal vez el caso más interesante y más peligroso de cercanía entre el jefe del Estado y uno de sus funcionarios es el que llamaré “El hijo de mi padrino”. Pero lo dejamos para una futura ocasión por falta de espacio.
Un apóstol de los derechos
Por una triste casualidad, en el mismo mes en que llegan al poder acérrimos enemigos suyos, fallece el jesuita antioqueño Javier Giraldo Moreno, apóstol latinoamericano de la paz y la justicia social. El padre Giraldo investigó y estudió la violencia social e hizo generosos esfuerzos por proteger los derechos humanos.
Entre otras alarmas, denunció Giraldo la sospechosa coincidencia de que los dos únicos obispos progresistas que tenía el país, Gerardo Valencia (Buenaventura) y Raúl Zambrano (Facatativá), murieran el mismo año (1972) en sendos accidentes de avioneta poco investigados. Una de sus últimas contribuciones fue revisar el papel del cura Camilo Torres, muerto en 1966 tras haberse alistado en la guerrilla del ELN.
Recomiendo leer sus artículos, monografías y libros en su hemeroteca virtual, Desde los márgenes (https://javiergiraldo.org).
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