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EL MILAGRO ECONÓMICO

EL MILAGRO ECONÓMICO
Ana Bejarano Ricaurte
Los Danieles

EL MILAGRO ECONÓMICO

Durante la campaña el hoy presidente Abelardo de la Espriella prometió que reduciría el Estado en un 40 %. En una presentación que publicó después de ganar la primera vuelta (y que parece obra de la inteligencia artificial que amenaza con dejarnos brutos) explicó a medias la receta para la Patria Milagro. “¿Cómo se financia el milagro?”, preguntaba el colorido panfleto. “Reducción estatal del 40 %. $25-30 billones”.

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En entrevista con Caracol Radio, el candidato también afirmó con seguridad apabullante que reduciría el Ejecutivo de 19 a 10 ministerios. 

El gasto eficiente es uno de los eslóganes con los que los proyectos de ultraderecha han cautivado a los electores en el continente americano. En países con altos índices de corrupción y la correspondiente indignación pública que esta despierta, la promesa de recortar las arandelas de la burocracia que alberga a servidores públicos (que esos discursos venden como perezosos e inútiles) puede resultar muy seductora.

Ya entrados en tiempos de patria milagro, el ministro de Hacienda, Miguel Gómez, pasó por los micrófonos de Blu Radio y anunció un recorte de 60 billones de pesos: “No hay plata para pagar 19 ministerios”.

Pero parece que el ministro encontró esa plata, porque el proyecto de Presupuesto General de la Nación, que fue radicado esta semana ante el Congreso, mantiene los 19 ministerios que el propio Gobierno consideraba inviables, con la excepción del de la Igualdad, que entra en liquidación por decisión de la Corte Constitucional. Aparte de eso, no hay una sola entidad que se vaya a suprimir o fusionar. 

El ministro Gómez también apareció en una portada de la revista Semana en la que aseguraba “Ya no hay cómo seguir financiando a través de deuda el gasto público”. Esa parte se le refundió, porque el nuevo presupuesto destina $155 billones —el 24 % del total— al servicio de la deuda y prevé un endeudamiento cercano a los $256 billones, el más alto de la historia. 

El presidente hizo alharaca con la eliminación de 229 cargos de la Presidencia que costaban $10.000 millones anuales, pero eso apenas equivale a una reducción del 0,0016 % del presupuesto radicado. De ahí al 40 % faltan 39 puntos larguitos. 

Las propuestas de reducción del Estado eran imposibles de cumplir. No solo se trataba de un giro sin precedentes, sino de una fantasía mediocre, pero vistosa y convincente. Por eso, el proyecto de presupuesto no recortó los 60 billones que prometía, sino que lo incrementó en una cifra casi idéntica.

El abelardismo expuso todo tipo de acrobacias para justificar el aterrizaje forzoso del avión de Hacienda en las pistas de la Patria Milagro, en especial que el Gobierno Petro dejó unas cuentas mal hechas y que, por tanto, el desfase corresponde a su mala gestión. Lo cierto es que el presupuesto no reduce el Estado ni en un 1 % y los desajustes que achacan a la pobre gestión de Petro no explican todo el incremento. Además, en la Patria Milagro amenaza con imponerse el periodismo de “el ministro dijo”, como si las cosas ocurrieran por el solo hecho de que los nuevos funcionarios del Ejecutivo las digan. Así será difícil someter este nuevo presupuesto a un examen transparente y honesto. 

Desde todos los sectores del establecimiento también corrieron a explicar que el recorte del gasto vendría en un decreto posterior con el que aplazarían o reducirían las apropiaciones presupuestales. La mayor parte de ese ajuste tendría que venir de los presupuestos de inversión, los que financian obras, programas regionales o proyectos sociales. Qué preocupación, porque esas megacárceles no se van a construir solitas. 

Lo prometido en campaña era un exabrupto irrealizable y preocupante en boca de quienes aspiraban a controlar la billetera estatal. Hace ocho semanas el hoy ministro decía que recortaría 60 billones, pero hoy reconoce: “Un presupuesto responsable no es aquel que muestra de manera antitécnica un menor gasto para disimular la magnitud de los desastres ocasionados por una gestión irresponsable, sino aquel que reconoce de manera transparente cuánto cuesta cumplir las obligaciones del Estado”. Claro, señor ministro, la gestión pasada puede y debe auscultarse y cuestionarse, y ayudará a explicar parte de la dificultad de la situación actual, pero no les sirve para justificar las quimeras con las que se hicieron al poder. Esa supuesta honestidad que ahora aplauden también debería regir frente a sus propias metas disparatadas. 

Y, además, ahora que está sentado en el solio de Bolívar y anda con afán de aceitar las maquinarias parlamentarias, al nuevo presidente empieza a saberle menos amarga la enorme burocracia del Estado. Ser un mandatario austero no es un buen negocio para los trueques sobre los que se estructura la política colombiana. 

Los supuestos milagros económicos de los gobiernos que inspiraron la propuesta de De la Espriella, como los de Argentina y El Salvador, años después despiertan más dudas que aplausos. La dictadura salvadoreña aisló a su sector productivo y ni siquiera los tratos de Nayib Bukele con las pandillas han podido reavivarlo. Es la economía centroamericana que menos crecerá en 2026, según el Fondo Monetario Internacional, y su experimento de imponer el bitcoin como corazón de su sistema financiero fracasó. En Argentina, aunque Javier Milei logró controlar la inflación, el desempleo subió, cerraron decenas de miles de empresas, se perdieron cientos de miles de empleos formales y el desempleo está al alza. 

En Colombia, durante la presidencia del duquismo 2.0, el auténtico designio divino será que se cumpla alguna de las promesas absurdas que hizo De la Espriella para que lo eligieran. Y en esa distancia entre todo lo que prometieron y lo que van a lograr tal vez radique el verdadero milagro.

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