POSESIÓN, POSICIÓN Y RELIGIÓN

Lo que más me impactó de la posesión presidencial de Abelardo de la Espriella fue la simbología religiosa que le imprimió a la ceremonia. Iniciar su alocución acompañado de la imagen de la Virgen de Fátima y terminarla con un sonoro «¡Viva Cristo Rey!» no ha sido lo usual, inclusive en un país fervorosamente católico.
No es, por supuesto, algo censurable y hablaron también voceros del judaísmo y de iglesias cristianas, pero sí dice mucho sobre el carácter de quien regirá los destinos de Colombia durante los próximos cuatro años. Para la senadora Jennifer Pedraza, que se retiró del acto de posesión, fue una ceremonia que «amenaza abiertamente la naturaleza laica del Estado colombiano».
Improbable, pero no deja de inquietar la posibilidad de que el nuevo jefe de gobierno, que se proclamaba ateo, caiga ahora en una especie de fanatismo del converso, como lo sugieren esas imágenes suyas de rodillas junto a su gabinete, con la Biblia en la mano, en un reciente «retiro espiritual».
Si la conversión religiosa del presidente pudo parecerle oportunista a algunos, lo que no admite dudas es la eficacia política de obtener el respaldo de las influyentes sectas evangélicas y de la derecha cristiana. Además de los creyentes católicos.
Sin embargo, más vale concentrarse en lo que anunció en su discurso de posesión. No habrá constituyente de ninguna naturaleza; la opción de diálogo con grupos armados está cancelada; habrá fracking y fumigación de cultivos; se construirán megacárceles; se congelará el gasto público y se eliminará el impuesto al patrimonio; se respetará la JEP, pero se revisará su naturaleza...
Son los puntos centrales de un programa que sin duda tendrá acogida. Solo falta ver cómo y cuándo lo pondrá en práctica. Porque, como todos sabemos, del dicho al hecho hay amplio trecho.
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Menudo zafarrancho armó Paloma Valencia con su declaratoria de que el Centro Democrático no es un partido de derecha. La primera en caerle encima fue su colega y copartidaria María Fernanda Cabal, la otra destacada voz femenina de una derecha con creciente peso en la política nacional.
Cabal le increpa a Valencia la incoherencia de distanciarse de la derecha como si fuera una «enfermedad» para buscar un centro inexistente. Dice que está muy «confundida» y sí vale la pena ver dónde y cómo Paloma aterriza su vuelo, mientras María Fernanda confirma que su meta es liderar un movimiento de derecha dura que la lleve a la presidencia.
Pese a sus diferencias, las dos mujeres que más se destacaron en la oposición a Petro coinciden en su devoción por Álvaro Uribe, aunque Cabal dice sentirse mal tratada. No creo que Uribe, siempre vigente y protagonista, vaya a tomar partido por una u otra de sus admiradoras. Le confesó a Julio Sánchez Cristo que estaba «golpeado en el alma» por los sinsabores judiciales que le han tocado y reiteró su apoyo al gobierno de Abelardo, pese a que no le gusta nada que se esté llevando tanta gente para su nuevo partido político, Firmes por la Patria, a expensas del Centro Democrático.
No creo que el Tigre pueda darle un tarascazo mortal al Centro Democrático, ni que esa sea su intención, pero sí se ha generado tensión entre la derecha. «Tienen que unirse y dejar de joder o se nos vuelve a montar Petro», es la advertencia de sus ideólogos más suspicaces.
La eventualidad de un exitoso regreso de Petro parece inconcebible ante la inocultable mediocridad de su mandato. Pero casos se han visto y nada es descartable en la política locombiana. Que vuelva como fogoso parlamentario o que aspire de nuevo a la Alcaldía de Bogotá —o incluso a la de Montería de Abelardo— es más probable que su retiro a meditar sobre el futuro del planeta, que tanto le preocupa.
Le hará mucha falta, eso sí, el tuiter presidencial. Haber despachado más de catorce mil improvisados trinos denota la vocación de comunicarse a través del emotivo impulso, en lugar de conferencias de prensa o entrevistas de fondo. Muchos presidentes lo hacen —qué tal Trump—, pero el nuestro batió todas las marcas. Solo falta que salgan publicados en lujoso libro de la Imprenta Nacional con el título de Obras completas de Gustavo Petro Urrego.
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El nuevo mandatario ha demostrado ganas de hacer las cosas bien y hacerlas rápido. Incurre, empero, en actitudes innecesarias, como dar instrucciones tajantes a Protocolo para no invitar a los expresidentes Samper y Santos a su posesión. «Gesto de pequeñez», dijo el hijo menor de Juan Manuel, mi sobrino Esteban. «Me ahorré un vestido», comentó Samper con su característico sentido del humor. «Lo cortés no quita lo valiente», habría dicho don Quijote. La exclusión de Paloma Valencia me sorprendió.
Fuentes fidedignas no gobiernistas, pero muy vinculadas a la fuerza pública, me han comentado que los nombramientos en la cúpula de la Policía son «un verdadero acierto». Y el anuncio del minHacienda Miguel Gómez de que habrá «el mayor recorte de gasto público en la historia republicana de Colombia» generó entusiasmo en los mercados financieros y complacencia en una opinión que siempre aplaude que se reduzca la burocracia.
Pero aquí también, ver para juzgar.
P. S.: Valledupar despidió a Darío Pavajeau en medio de lágrimas, cantos y acordeones. Justo tributo a quien fuera el más cálido exponente de la hospitalidad vallenata e infatigable promotor del más popular de nuestros géneros musicales. Sentido abrazo de condolencia a María Elisa, su compañera del alma, y a sus hijos Vicky, Darío José y Silvia, fieles herederos de la nobleza, generosidad y sencillez de un padre inolvidable.
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