
¿Es bueno satanizar al plástico?
Pese a la mala fama que hoy tienen los envases y empaques plásticos de un solo uso, el material del que están hechos le ha dado grandes beneficios a la humanidad. Para reducir la contaminación por su utilización, varios países en el mundo han emprendido el camino de la economía circular.
Los envases y paquetes plásticos se encuentran en el ojo del huracán y hoy no gozan de buena reputación. Las dantescas islas de basura que son más grandes que la superficie de Colombia y navegan los océanos del mundo al vaivén de los vientos; las fotos o videos de animales marinos asfixiados por algún empaque de plástico; o las recientes investigaciones que dan cuenta de la presencia de microplásticos en la sangre; se han convertido en unas de las tantas razones de la lucha contra el uso de plásticos de un solo uso.
Por paradójico que parezca, el plástico, inventado a inicios del siglo XX, solucionó varios problemas ambientales. Por ejemplo, la baquelita, la primera sustancia plástica creada en 1907, redujo la caza de elefantes para extraerles el marfil blanco. Ahora, elementos simples y cotidianos como los pitillos son vistos como enemigos de la humanidad.
Si bien, la contaminación por el uso de envases y empaques de único uso es una realidad, satanizar el plástico poco o nada ayuda a contrarrestarla. “Con relación al polietileno y al polipropileno siempre me gusta hacer la siguiente comparación para mostrar que los plásticos no son el problema: un cuchillo es un objeto neutro, usted puede cortar un papel o matar una persona, el problema es cómo se usa”, explica Mario Muñoz, gerente de la cadena de valor del plástico en Cempre.
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