
Cómo el aguardiente amarillo pasó de ser un trago de segunda al rey del mercado
Échele cabeza, un proyecto de reducción de riesgos y daños del consumo de sustancias, contó en un hilo de X el origen de la bebida que hoy tiene en líos judiciales a varias licoreras del país.
Por: Redacción Cambio
La historia del Aguardiente Amarillo, que hoy vive una disputa en la industria de licores, tiene algunos matices y datos desconocidos. La bebida insignia de Manzanares, Caldas pasó de ser un licor rechazado por las clases altas a ser hoy día una bebida que muchos resaltan por su sabor.
Como lo cuenta Échele Cabeza, la Licorera de Caldas adquirió la fórmula del Aguardiente Amarillo en 1885, cuando se la compró a Camilo Jiménez, un humilde campesino local. Sin embargo, para los caldenses este licor no fue nuevo, porque siempre estuvo presente en las cantinas, aunque relegado a un segundo plano, etiquetado como el trago de los arrieros, sucio y asociado a la pobreza.
Una de las razones por las que el Amarillo era tan rechazado, fue por su tono, que se debe a los alambiques rudimentarios de la época, que no lograban destilar totalmente la bebida y dejaban el color de la caña de la panela.
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