
La guerra por el oro en Buriticá
La Operación Creta no logró frenar la guerra subterránea en la mina de Buriticá, la segunda más grande del país y una de las más grandes de Latinoamérica, en condiciones infrahumanas y bajo explotación sexual y laboral.
Por: María Fitzgerald
A la mina se entra arrastrándose. No existe otra forma. Los túneles son tan estrechos que la única manera para ingresar es pasando por ellos a través de un lodazal que mezcla, además de tierra y agua, los desperdicios humanos de los mineros que no tienen acceso a baños.
“Usted entra así arrastrándose, si acaso intentando empujar esa agua con el maletín en el que lleve sus cosas. Pero eso hay un punto en el que hasta en la boca se le mete todo eso. Dígame eso qué condiciones le puede brindar”, asegura un líder de Buriticá, Antioquia, que hace más de mes y medio tuvo que salir del pueblo luego de que, por denunciar lo que pasa en la mina, le dijeran que lo iban a colgar.
En la mina se pueden encerrar por 8, 15, 20 días o hasta un mes. Sin embargo, están ahí hasta cuando el cuerpo alcanza.
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