
La “masculinidad guerrera”: el orden social del patriarcado
Ana Cristina Restrepo Jiménez conversó con la magistrada Julieta Lemaitre Ripoll sobre el macrocaso 11 desde las perspectivas cultural y de género, antes que jurídica.
Los crímenes originados en creencias religiosas (“¡pecado!”), prácticas y hábitos culturales son difíciles de identificar y de erradicar porque se camuflan en lo que las sociedades adoptan como “natural” o “normal”. El silencio y el miedo, que se traducen en el subregistro de casos, son el escudo de las violencias basadas en género (VBG), los pilares del orden social que impone el patriarcado. Esa suerte de “ley tácita” evidente en los madrazos ―“le doy en la cara marica”, “pa’ no pegarle hijueputa”― y enfrentamientos entre políticos, es la misma que ha nutrido la sexagenaria guerra en Colombia.
Lo que la Comisión de Esclarecimiento de la Verdad (CEV) y el Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) han denominado “masculinidad guerrera” es el cénit de esa ley jamás escrita.
La Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) abrió el macrocaso 11 de “Violencia basada en género, violencia sexual, violencia reproductiva, y otros crímenes cometidos por prejuicio basados en la orientación sexual, la expresión y/o identidad de género diversa en el marco del conflicto armado colombiano”; dividido en tres subcasos: (01) VBG contra civiles por parte de miembros de las Farc-EP, (02) VBG por parte de miembros de la Fuerza Pública, y (03) VBG intrafilas por prejuicio al interior de la Fuerza Pública y de las Farc-EP.
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