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La nueva derecha en Colombia
Si quieren ganarle a Abelardo De la Espriella, tienen que entender qué sentimientos representa y que, guste o no, esos sentimientos forman parte de las fuerzas vivas de la nación y las opciones de poder siempre son luchas entre fuerzas vivas. | Foto: Colprensa
Elecciones Colombia 2026

La nueva derecha en Colombia

Redes sociales, batalla cultural, rechazo a las élites tradicionales y promesas de mano dura: las claves para entender el fenómeno político que impulsa a la nueva derecha en Colombia.

Por: Darío Ortiz

Cerrada la primera vuelta electoral, decantada la victoria a favor del abogado Abelardo De la Espriella, el panorama muestra algo inequívoco: el ascenso de la nueva derecha en Colombia. Se trata de una corriente política, una fuerza viva que varios políticos y aspirantes a cargos públicos habían intentado encarnar, pero ninguno de manera tan clara como Abelardo De la Espriella, quien es un outsider de la política, visto como un advenedizo por sus detractores o como un salvador por sus admiradores.

Casi setecientos mil votos lo separan del curtido senador Iván Cepeda, cuya victoria muchos creían asegurada, y más de ocho millones de votos de Paloma Valencia, la candidata de Álvaro Uribe, de quien decían analistas que había jugado bien sus cartas electorales, al creer, equivocadamente, que estas elecciones eran un refrito de la confrontación Petro-Uribe de comicios anteriores, lo que produjo un resultado que ha dinamitado por completo el escenario electoral colombiano.

Pero ¿qué es la nueva derecha y por qué la representa De la Espriella?

La nueva derecha es una amalgama de corrientes conservadoras, libertarias y nacionalistas que, al rechazar las castas políticas y los partidos tradicionales, desafía las estructuras de poder institucional y la ineficacia del Estado, al tiempo que busca construir nuevos paradigmas. Esa nueva derecha, surgida en un mundo de redes, algoritmos e inteligencia artificial, aprovecha el universo digital, los memes y las tácticas de activismo pop para influir en la política, moldeando la opinión pública, librando una cruda “batalla cultural” en redes sociales contra la agenda progresista, el globalismo y las corrientes woke.

A la vez se adapta a los matices históricos de cada país, promoviendo paradigmas de seguridad, postulados económicos proteccionistas o visiones fuertemente arraigadas en la defensa de valores culturales o religiosos locales. Es una marea en ascenso que desde hace pocos años no ha dejado de crecer como opción de poder en diferentes partes del globo y que amenaza con convertirse en un verdadero tsunami que está golpeando con firmeza las orillas de la política tradicional.

A esa nueva derecha pertenecen Vox, en España; AfD, en Alemania; Agrupación Nacional, en Francia; y Hermanos de Italia, que ha llevado al poder a Giorgia Meloni. Considera ídolos a Bukele, Trump, Milei o Netanyahu, entre otros líderes fuertes de verbo altisonante sin corrección política, que gobiernan al límite de la institucionalidad, logrando cambiar el mapa político de América y Europa al actuar como una fuerza abiertamente interrelacionada.

A ese fenómeno social, a esa marea en ascenso desapercibida en Colombia por columnistas y analistas antes del domingo pasado, es al que Abelardo De la Espriella se sumó, con mucho olfato, para hacer campaña, luego de haber vivido de cerca el ascenso de Trump en Estados Unidos y de Meloni en Italia.

En Colombia, como en otras partes del globo, los temas y las propuestas de quienes recogen esta tendencia se basan en una lectura elemental del malestar que se hace evidente en redes sociales. No están defendiendo un manual ideológico o buscando argumentos en sesudas tesis doctorales, sino resumiendo el malestar que hace tendencia en redes y en artículos de prensa, y lo convierten en eslóganes eficaces y de fácil asimilación.

De esa manera los insumos para la campaña de Abelardo han estado en el sonado fracaso de la paz total, el aumento de la inseguridad en las ciudades y el fortalecimiento de los grupos armados; la crisis de la salud junto al ataque a las EPS; la sensación de inestabilidad institucional que produce el llamado a una constituyente. Todo esto sumado al viejo temor del castrochavismo que nos lleve a ser una nueva Venezuela, el ataque constante a la clase empresarial y el miedo al revanchismo indígena y al alzamiento popular, además de la presión de la agenda woke que desafía los valores tradicionales y religiosos de buena parte de la población colombiana.

De ahí la promesa de un gobierno de mano dura contra los grupos armados, cárceles al estilo Bukele para la delincuencia, defensa de la Constitución, recorte del gasto público, disminución del tamaño del Estado y fortalecimiento de las EPS, entre otras estrategias, como mostrar su conversión religiosa, su machismo, su unión familiar y su postura antiwoke.

Por eso mientras que Paloma Valencia creyó que cambiar posturas que la habían caracterizado en el pasado para lograr un acercamiento a la comunidad LGTB+ y al centro le sumaban votos, Abelardo hizo todo lo contrario, exhibiendo una masculinidad provocadora como parte de su estrategia. Una apuesta escandalosa, pero que podría haberse basado en las estadísticas de la ONU o en las cifras del DANE sobre el tamaño de la población LGTB+ en nuestro país.

Cuando parecía que De la Espriella se lanzaba a la presidencia comenzaron ataques demoledores contra su figura, desde su forma de vestir hasta los clientes que ha representado como penalista, pasando por un examen minucioso a su fortuna. Se le ha acusado de haber estafado a su cliente David Murcia Guzmán y se han insinuado vínculos poco claros en sus relaciones con Alex Saab o con conocidos paramilitares, temas que le dieron mayor visibilidad pero que no lograron impactar negativamente en los resultados electorales.

Algo nada raro en la política actual, como cuando vimos que Trump arrasaba en las elecciones luego de haber sido condenado por 34 delitos de falsificación y haber sido condenadas sus empresas por fraude fiscal; o que existan órdenes de captura contra Netanyahu o Putin que no merman su poder ni popularidad. Situaciones que por el contrario fortalecen la imagen de los líderes de la nueva derecha como figuras fuertes que parecen situarse por encima de la institucionalidad.

Estos ataques a la persona, tratando de estigmatizarlo, tan comunes en la política electoral, cometen el error de no centrar la mirada en lo que el candidato está representando, por eso ha mantenido una tendencia sostenida al alza en las encuestas. Más aún si columnistas, líderes de opinión e influencers que aseguran que nunca votarían por el abogado siguen encarnizados con las críticas al gobierno de Petro y a las posturas de Cepeda y su vicepresidente, alimentando el descontento que nutre a la nueva derecha y a su candidato llamado a encausar toda la oposición.

Por eso hay que tener en cuenta que, independientemente del resultado, porque el abogado ha insistido que se retiraría de la política si llega a perder las elecciones, esta corriente, como fuerza viva que es, simplemente buscaría otra voz que la represente.

En contraste también hay una nueva izquierda, que no pide la desaparición de la propiedad privada, ni que la tierra sea del que la trabaja o que valide todas las formas de lucha, entre otros ideales de la antigua cartilla comunista. Una nueva izquierda que pide inclusión social, igualdad de oportunidades, que prioriza los derechos civiles de las mujeres y las minorías; que habla de ecología, justicia social y redistribución. Principios que, aunque muy presentes en el programa de Iván Cepeda, parecen diluirse entre su larga serie de discursos convertidos en un programa farragoso, permitiendo que sus opositores lo consideren un claro representante de la vieja izquierda y un continuismo de las políticas muy criticadas del actual gobierno.

Ante ese panorama, si quieren ganarle a Abelardo De la Espriella, tienen que entender qué sentimientos representa y que, guste o no, esos sentimientos forman parte de las fuerzas vivas de la nación que están compitiendo como opción de poder. Como sin duda también lo son las que ha encarnado Petro y que le dieron la victoria.

Dos fuerzas opuestas, vistas por algunos como extremas, que han dejado sin mayor margen de acción a los candidatos de centro, hasta el punto de haber logrado que las próximas elecciones sean una encrucijada elemental: o se frena o se impulsa a la nueva derecha. Usted decide. Así de simple.

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