Gustavo Petro y su obsesión con el nazismo

Crédito: Colprensa

9 Junio 2024

Gustavo Petro y su obsesión con el nazismo

Cada tanto, el presidente compara hechos actuales de Colombia y el mundo con los oscuros años de la dictadura de Hitler. Al mismo tiempo, ataca a sus opositores tildándolos de nazis o neonazis. ¿Qué tan descabelladas son sus continuas alusiones a este oscuro momento de la historia?

Por: Germán Izquierdo

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La mañana del 30 de enero de 1933, Adolfo Hitler llegó a la calle Wilhelmstraße  77, en Berlín, acompañado de un séquito de nazis. El pelo engominado, el bigote angosto, el vestido de paño cruzado de seis botones, la corbata negra,  Hitler caminó por  las gruesas puertas de hierro forjado y atravesó los jardines de la Cancillería del Reich para una reunión definitiva. Unas horas más tarde, después de una larga discusión, el político del Movimiento Revolucionario Conservador Franz Von Papen, a quien apodaban “el diablo con sombrero de copa”,  presentó oficialmente a Hitler al presidente Paul von Hindenburg. A continuación, Hitler dio un discurso en el que, entre otras promesas, juró que defendería la constitución. Von Hindenburg, dice el historiador Ian Kershaw, “aprobó con un cabeceo” y se limitó a decir, bajo sus gruesos bigotes, “Bueno, caballeros, ahora adelante, con la ayuda de Dios”. 

Ese mismo día, en la tarde, Hitler volvió a salir por la misma puerta convertido en el nuevo canciller de Alemania. “Hitler es canciller del Reich —decía el sanguinario Joseph Goebbels—.  Es como un cuento de hadas”...  Y entonces comenzó la más sangrienta dictadura de que se tenga memoria y la persecución más infame contra una etnia, contra un pueblo: el judío. Según la Enciclopedia del Holocausto, se calcula que 6 millones de judíos fueron asesinados durante la dictadura de Hitler y la Segunda Guerra Mundial.  

Hitler
Hitler en enero de 1933, cuando fue nombrado canciller de Alemania. Desde entonces, nada sería igual. https://www.bundesarchiv.de/

Hoy,  a punto de cumplirse 80 años del fin de esa guerra, las palabras que se asocian con ese oscuro momento de la humanidad siguen usándose. El pasado nazi continúa pesando sobre Alemania. En las librerías colombianas, por poner un ejemplo, la gran mayoría de libros sobre la historia de este país están relacionados con el régimen nazi y la Segunda Guerra. 

Mientras tanto, las comparaciones con los nazis surgen a diario en acaloradas discusiones en redes sociales. Muchos políticos las han usado como estrategia contra sus opositores. Uno de ellos es el presidente Gustavo Petro, que desde hace varios años echa mano del término nazi, y otras palabras relacionadas, como holocausto y genocidio, en diversos escenarios y contra distintas personas. 

En 2022, en su cuenta de X, Petro tildó de neonazi a un joven de 14 años de una organización conservadora. El mismo año, la Fundación para la Libertad de Prensa (Flip)  le llamó la atención a al entonces candidato por otro mensaje en contra de RCN: “estas estigmatizaciones —afirmó la Flip— no son nuevas, lesionan gravemente la libertad de prensa y, por reiterativas, estas se interpretan como una campaña de desprestigio, con fines electorales, contra este medio”.  Este fue el trino de Petro:

Un año después, durante la Cop28, Petro dio un discurso en el que dijo lo siguiente: "Hitler está golpeando las puertas de los hogares de la clase media europea y norteamericana, muchos ya lo han hecho entrar. El éxodo será respondido con muchísima violencia, con la barbarie misma; lo que vemos en Gaza es el ensayo del futuro. ¿Por qué los grandes países consumidores de carbono han permitido el asesinato sistemático de miles de niños en Gaza? Porque Hitler ya entró a sus hogares y se alistan para defender sus altos niveles de consumo de carbono y rechazar el éxodo que provoca".

Después del discurso, el Ministro Federal de Asuntos Exteriores de Alemania sentó su voz de protesta contra el presidente Petro en su cuenta de X:  “Identificar las consecuencias de la crisis climática para los más vulnerables del mundo es legítimo e importante. Combinar eso con el sufrimiento en Gaza es extraño. Es inaceptable hacer comparaciones crudas con la era nazi y así relativizar el Holocausto, como lo hizo el presidente Petro de Colombia en la COP 28”.

La alemana Tatjana Lous, profesora asociada del Departamento de Lenguas y Cultura de la Universidad de los Andes, explica que “no hay otro crimen en este mundo que se pueda comparar con el Holocausto. Su singularidad es casi un ritual democrático. Si los políticos alemanes quieren mostrar que están firmemente comprometidos con la democracia,  van a decir algo como ‘y creo en la singularidad del Holocausto’”. 

En Colombia suele calificarse la toma del palacio de Justicia como “El holocausto del Palacio de Justicia”. A tal punto se ha asentado la expresión, que en 2023 se fundó un Centro de Memoria del Holocausto del Palacio de Justicia. A juicio de la profesora Lous, para referirse a la toma del palacio podría hablarse tal vez de masacre, pero según escribe en su iluminador ensayo El uso del lenguaje nazi y la enseñanza del alemán como lengua extranjera, en Alemania esta palabra tiene una connotación bastante clara y “se percibiría irrespetuoso con las víctimas de la guerra el que este término se utilizara también en otros contextos”. 

Ralf Juan Leiteritz, profesor titular de la Universidad del Rosario, sigue sorprendiéndose, tras veinte años en Colombia, del uso que se le da a la palabra para designar el episodio del palacio de justicia. “Considero como alemán que el holocausto -del palacio- es algo raro: ¿Mataron una etnia completa? ¿Exterminaron a una raza?  Ese término tenía un significado muy particular para mí”, dice. 

El Holocausto en Alemania se considera como un fenómeno único e incomparable desde los años ochenta, cuando el profesor de la Universidad Libre de Berlín Ernst Nolte escribió una nota para el diario Frankfurter Allgemeine Zeitung,  en la que comparó los crímenes contra los judíos con los campos de castigo de la Unión Soviética de los años 20 y 30.  El artículo de Nolte, que en principio iba a ser un discurso, propició una serie de debates entre intelectuales, entre ellos Jürgen Habermas. “El resultado de esa disputa intelectual es que, en principio, el Holocausto es singular.  Si nos imaginamos una escala de crímenes de lesa humanidad, el Holocausto no es comparable. Es un punto de vista alemán”, cuenta la profesora Lous.

Nazi: ofender sin reflexionar

La palabra nazi sale de los labios de muchos políticos con pasmosa fluidez y nula reflexión. En marzo de este año, Maduro Calificó de nazi a la cadena DW y la sacó del aire por un reportaje que destapa la corrupción en su gobierno; el presidente de España, Pedro Sánchez, comparó al político Albert Rivera, del partido Ciudadanos, con “un alemán al que no le importa el Holocausto”.

Gustavo Petro, por su parte, pronunció un discurso algunos días después de que se reconociera al Estado colombiano culpable del exterminio de 6 mil militantes de la Unión Patriótica. En su intervención, dijo que el Estado colombiano era genocida, y que como la Alemania nazi tenía un Estado genocida, “no hay diferencia entre el Estado colombiano y el Estado nazi desde ese punto de vista. Genocidas”. Es cierto que el Estado colombiano fue culpable en la persecución y asesinato de los militantes de la Unión Patriótica. La condena es justa. Sin embargo, comparar al Estado colombiano con el régimen nazi es un desatino. Como escribió Olga Lucía González en una columna publicada en la Silla Vacía sobre las declaraciones de Petro, “el componente verdaderamente específico del régimen nazi fue el antisemitismo. Esto es el núcleo del nazismo. Está en Mein Kampf. Es central en el proyecto de Hitler, y se torna una realidad jurídica a partir de las leyes de Nuremberg (1935)”.

Hitler
Tapa de una publicación turca que causó gran indignación en Alemania, por el montaje que se hizo de la entonces primera ministra, Angela Merkel. Da cuenta de la banalización de lo nazi.

La profesora Lous, por su parte, explica que el nazismo es una ideología que inventa una jerarquía de razas: una raza aria superior que pone a un pueblo, el alemán, sobre todos los otros. Con esa mirada racista, empieza a matar a un grupo en particular. “Y algo importante, no solo a matar a un pueblo sino a sus propios compatriotas, porque los judíos tenían nacionalidad alemana”, dice.

Petro hizo la última mención a los nazis hace una semana, cuando fue condecorado por Palestina en la Casa de Nariño.  Allí, dijo lo siguiente: “Los nazis están en el poder; ascienden a través del capital financiero, logran conducir el gobierno de los Estados Unidos, así sea autodenominadamente demócrata, con corrientes progresistas, pero ese progresismo juvenil, negro, árabe, diverso, latino, que hay allí, no logra cambiar la voluntad del Estado, que sigue ayudando a disparar las bombas”.

Para el profesor Leiteritz, las declaraciones de Petro tienen una connotación antisemita: “Cuando el presidente dice que el capital está detrás del gobierno de Estados Unidos, uno concluye: ‘son los judíos los que manejan las finanzas en los Estados Unidos o en muchos países del occidente’. La línea acá es muy delgada, pues llega a acusar a los políticos en Estados Unidos de ser manejados por el sistema financiero. ¿Y en manos de quién está el sistema financiero en los Estados Unidos?  En las de los bancos de inversión. ¿Y quiénes manejan los bancos de inversión? Los judios. La línea es muy delgada hacia el antisemitismo”. 

En tiempos de radicalismos y polarización, el uso de palabras como Hitler, nazis y otras agitan a las masas. Como anota la profesora Lous, “las comparaciones que se hacen con el nacionalsocialismo despiertan un interés muy grande”. El fin de usar estos términos en el lenguaje político, agrega Leiteritz, es generar emociones; no entrar en un discurso científico de las definiciones. 

“Es algo inflacionario —dice el profesor Leiteritz—. No solo de Petro, muchos políticos, de todo el mundo, usan términos que se asocian a Hitler y al regimen nazi. Si utilizas esas referencias en la actualidad, lo que quieres es diabolizar a tu oponente. Son palabras que se usan en redes sociales, en discursos en los que el orador no tiene que dar explicaciones. Nadie pregunta: ‘Petro, ¿para usted qué significa ser nazi?”. 

Las continuas alusiones de Petro a los nazis entran acaso en lo que en alemán se llama Geschichstpolitik (política que se hace con la historia). Lous escribe: “Los políticos ‘cargan’ la historia con sus respectivas interpretaciones, y así las aprovechan para sus fines”. 

Y lo seguirán haciendo, aunque convendría que el poder que encierran palabras como nazismo, Hitler, Holocausto, se emplearan de manera más reflexiva y menos impulsiva, hiperbólica y propagandística: que los políticos dimensionen el alcance y la responsabilidad que tienen frente a sus declaraciones. 

A finales de 1933, once meses después de aquella reunión en la cancillería del Reich, Alemania ya era otra. Hitler ganó las elecciones presidenciales en febrero, en marzo se aprobó una ley que le permitía legislar sin pasar por el parlamento, en abril se inició una campaña oficial contra los judíos, en mayo los nazis quemaron más de 25.000 libros “no alemanes”. En octubre, el escritor y romanista Viktor Klemperer anotó en su diario: “En el futuro, cuando se oiga la palabra campo de concentración, se pensará en la Alemania de Hitler, y únicamente en la Alemania de Hitler”.  Doce años después, en febrero de 1945, la ciudad en que nació, Dresde, sería arrasada. Lo que escribió en su diario, se convirtió en realidad. 

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