
La sustitución en el Catatumbo, ¿destinada al fracaso?
Líderes sociales de la región no ven condiciones para el éxito de la erradicación voluntaria de los cultivos de hoja de coca, prioridad del Gobierno dentro de su plan de inversiones de 2,7 billones para la zona. Analistas también cuestionan las bases del programa para la sustitución.
Por: Marisol Gomez
La experiencia de sustitución voluntaria de cultivos de hoja de coca relativamente más exitosa de Colombia transcurrió hace muchos años, en un alejado caserío del Caquetá: Remolino del Caguán.
Allá, adonde se llega desde Bogotá tras un recorrido por avión, carretera y lancha que puede tardar 10 horas, los campesinos erradicaron 3.000 hectáreas de cultivos ilegales que, hasta el día de hoy, según el técnico agropecuario que acompañó ese proceso, Rodrigo Velaidez, “no se han vuelto a sembrar”. Todo ocurrió durante 14 años, entre 1991 y el 2005.
Eso fue posible porque se conjugaron tres factores: el consenso de los campesinos; un acompañamiento técnico y financiero permanente que, paradójicamente, no fue del Estado sino del misionero italiano Jacinto Franzoi; y condiciones de seguridad. Estas se dieron porque la entonces guerrilla de las Farc -que controlaba la zona- respetó la decisión de la comunidad de sustituir las matas de coca.
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