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Poder

Europa y la OTAN afilan sus espadas

Las más recientes reuniones de bloques de naciones no han coincidido precisamente en buscar un camino hacia la paz sino en agudizar las contradicciones y crear un clima de zozobra que hace difícil pensar en una solución a los graves problemas que amenazan al planeta.

Por: Gabriel Iriarte Núñez

Durante la última semana de junio hubo una serie de cumbres de organizaciones internacionales como pocas veces se había visto en un lapso tan breve. Se reunieron al más alto nivel representantes de la Unión Europea (UE), del grupo Brasil, Rusia, India, China, Suráfrica (BRICS), del G7 (Estados Unidos, Canadá, Japón, Alemania, Reino Unido, Francia e Italia) y de la OTAN. Esto en medio del conflicto en Ucrania y del más peligroso choque entre Occidente y Rusia desde el final de la Guerra Fría, que ha puesto al mundo al borde de unas crisis de alimentos y energía sin precedentes e incluso de una confrontación nuclear. Pero lo más preocupante de estos encuentros es que no contribuyeron a aliviar las tensiones o a encontrar un camino hacia la paz. Por el contrario, los objetivos y las conclusiones de las mayoría de ellos apuntaron precisamente en la dirección opuesta: a agudizar las contradicciones y generar un clima de zozobra que hace cada vez más difícil solucionar los graves problemas que amenazan la paz global.

La primera reunión, la de la Unión Europea entre el 23 y el 24 de junio, tuvo como principal propósito analizar la solicitud de Ucrania y Moldavia a ser candidatas para ingresar a este club que está compuesto por 27 países y que constituye la tercera economía mundial después de China y Estados Unidos. Las dos naciones, ambas vecinas de Rusia, habían aplicado a este procedimiento desde febrero de 2022 con miras a distanciarse de Moscú y ubicarse bajo el paraguas, al menos económico, de la alianza europea. Normalmente el trámite de ingreso puede durar mucho tiempo, tal como se ha visto en los casos de Bulgaria, Rumania y Croacia, que tuvieron que esperar entre diez y doce años para ser aceptadas, o Turquía, que sigue aguardando desde 1999. Sin embargo, a partir de 2017, Ucrania ha venido disfrutando de un llamado convenio de asociación mediante el cual puede realizar intercambios comerciales con tarifas preferenciales aun sin formar parte del grupo. Y se especula que, dada la política de la Casa Blanca y sus aliados europeos de acorralar a Rusia al precio que sea, Kiev pueda recibir el visto bueno en menos tiempo del que ha sido normal para otros aspirantes. Lo que ya es un hecho es que la reunión de la UE decidió avanzar otorgando el estatus de candidatos a los dos países. El Kremlin, aunque no ha trazado una línea roja para el ingreso de Ucrania a la Unión, sí ha mostrado su inquietud al respecto debido a los planes que existen para la creación de una fuerza europea de defensa independiente de la OTAN y Estados Unidos, que estaría compuesta por los participantes de la UE.

Coincidencialmente, en las mismas fechas se llevó a cabo en Beijing la décimo cuarta cumbre del grupo conocido como BRICS, cuyas economías emergentes tienen cerca del 40 por ciento de la población y una cuarta parte del PIB mundiales. Poco antes de la reunión se supo que Argentina e Irán han solicitado su ingreso al bloque, lo mismo que países como Egipto, Indonesia, Nigeria, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita. Es de anotar que varias de estas naciones se han negado a condenar la invasión rusa a Ucrania o a sumarse a las sanciones occidentales contra Moscú, una muestra de que Putin, quien participó virtualmente en la reunión, no es un paria relegado al ostracismo como se decía al comienzo de la crisis. No cabe duda de que el BRICS, con China y Rusia a la cabeza, está destinado a convertirse para el mundo en desarrollo en una alternativa, por ahora económica, a las políticas de las potencias occidentales. De esta conferencia, como era de esperarse, no salió ningún tipo de condena a la agresión de Putin a Ucrania.

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