
El Medio Oriente ya no es el mismo
La causa palestina parece ser la única perdedora en el nuevo ajedrez que se dibuja en la región, con dos bloques de oponentes claramente diferenciados que intentan ganar la partida o, por lo menos, mantener al enemigo a raya.
Hasta hace cerca de veinte años, la política y los intereses estratégicos del Medio Oriente giraron casi exclusivamente en torno al conflicto árabe-israelí, el cual provocó, desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, cinco contiendas entre el Estado hebreo y sus vecinos y varias intifadas o levantamientos palestinos. En la mayoría de estas coyunturas las grandes potencias se involucraron de manera más o menos abierta mediante el apoyo militar a uno u otro de los bandos enfrentados. Estados Unidos siempre estuvo del lado de Israel, mientras que la Unión Soviética y luego Rusia apostaron por las diferentes causas árabes. Hasta antes de 2001 los norteamericanos desempeñaron un papel importante en las victorias israelitas, orquestaron los acuerdos de paz entre Israel y Egipto, ayudaron a los rebeldes afganos a derrotar a la URSS y frenaron la invasión de Saddam Hussein a Kuwait. Hoy en día el panorama ha cambiado y, aunque la confrontación entre los palestinos e israelitas sigue vigente y sin una solución aceptable para las partes, han surgido otras circunstancias y otros focos de tensión, así como nuevos protagonistas. Las visitas que realizaron Biden y Putin en julio de 2022 al Medio Oriente pusieron de relieve la naturaleza y la importancia de estas transformaciones y le recordaron al mundo que Washington y Moscú siguen teniendo una influencia crucial en el futuro de esta zona.
El torbellino del nuevo siglo
Artículo exclusivo para suscriptores
Suscríbete para acceder a todo nuestro contenido.
SuscribirmeLea los comentarios








