
Leonidas Bustos y la deshonra de la justicia
Leónidas Bustos Martínez. Fotoilustración: Kim Vega-CAMBIO.
En 2012, cuando Leónidas Bustos presidía la Sala Penal de la Corte Suprema, empezó a trazar, junto con Francisco Ricaurte, lo que más tarde sería conocido como el infame cartel de la toga. La sentencia que lo condena a diez años de prisión no solo marca su responsabilidad; es un reclamo silencioso contra quien, sin pudor, vendió la función que se le había confiado. Queda un sabor agridulce, pues Bustos vive tranquilo en Canadá, prófugo de la justicia.
De aquella icónica imagen de Leonidas Bustos Martínez sentado en la sala de audiencias de la Corte Suprema de Justicia, escuchando testigos en juicios tan importantes como los de la parapolítica, no queda nada. Tampoco hay rastro del magistrado que se imponía al cruzar los pasillos de la Corte y en los eventos de la rama judicial. El jurista que se creía intocable y trataba con arrogancia hasta a sus propios colegas pasó de estar cabizbajo en la Comisión de Acusaciones en el Congreso, cuando estalló el cartel de la toga, a aparecer por videoconferencia en el juicio en su contra, prófugo de la justicia. Ahora, su foto aparecerá en una circular roja de Interpol.
Bustos llegó a la Sala Penal en 2008 desde la academia. Tolimense, alto, de voz pausada y aguda, el abogado era el mandamás. Su poder escaló rápidamente y lo hacía sentir en la Corte en una época en que la elección de un magistrado que se hacía con 16 votos podía frenarse fácilmente con unos cuantos acuerdos. Fue presidente de la Sala Penal en dos periodos consecutivos —2012 y 2013—, un hecho inédito hasta hoy. En 2015 presidió la Corte Suprema de Justicia.
Eran otros tiempos. La Corte Suprema seguía con los procesos de parapolítica, y estaba adelantando el juicio al exministro de Agricultura Andrés Felipe Arias por corrupción, así como otros casos relevantes que hoy parecen historia patria. Han pasado menos de diez años y Bustos Martínez ha sido negado múltiples veces por sus amigos de antaño, mientras que la justicia trata de reparar el daño causado por el escándalo que sacudió desde adentro a la corporación: el cartel del toga.
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