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Crédito: Kim Vega - CAMBIO
Poder

La apuesta del Pacto Histórico en el Congreso: ¿por qué se unió con el uribismo para frenar a De la Espriella?

Crédito: Kim Vega - CAMBIO

El partido del presidente Gustavo Petro se unió a su principal adversario político para impedir que Abelardo de la Espriella concentrara más poder en el Congreso. CAMBIO consultó a congresistas de la bancada de izquierda para resolver la pregunta que quedó tras la elección: ¿hasta dónde llegará este inédito cruce entre el petrismo y el uribismo?

Por: Jonathan Beltrán

Las bancadas del Pacto Histórico y el Centro Democrático, que durante el cuatrienio de Gustavo Petro protagonizaron intensos debates, se unieron el pasado 20 de julio para frenar la avanzada de Abelardo de la Espriella en el Congreso. Bajo la vieja lógica de que el enemigo de mi enemigo puede ser mi amigo —aunque sea por una sola noche— los partidos más poderosos de izquierda y derecha impidieron que el mandatario electo pusiera a un amigo personal como presidente del Senado. 

La alianza circunstancial no comenzó en el recinto del Senado. En la semana previa a la conmemoración del Día de la Independencia, el expresidente Álvaro Uribe reveló que Gustavo Petro había manifestado su interés en reunirse con él. Días después, en su último discurso como presidente ante el Congreso, el líder natural de la izquierda sorprendió incluso a sus críticos al sostener que “a Uribe le funcionó la negociación con los paramilitares para reducir el homicidio", una afirmación impensable para quien desde su labor legislativa cuestionó con vehemencia a ese proceso. 

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El presidente Gustavo Petro abordó en su discurso cifras de salud, educación, seguridad y economía. - Crédito: Presidecia

Durante la intervención de Petro en el Salón Elíptico, la coalición coyuntural se terminó de cocinar. Como respuesta a su gesto de reconocimiento a Uribe, el jefe de Estado pronunció sus casi dos horas de discurso sin el sonido de fondo de los golpes sobre los pupitres, las interrupciones constantes ni los carteles que durante cuatro años se convirtieron en la marca registrada de la oposición a su Gobierno. 

En los pasillos del Capitolio se daba por descontado que el ministro del Interior, Rodrigo Lara, se estrenaría con una victoria representada por la elección de Alfredo Deluque como presidente del Congreso. Por eso, cuando el tablero se volteó y Honorio Henríquez se impuso en la votación, la imagen de Rafael Nieto Loaiza y Aída Avella levantando los brazos en señal de triunfo resumió una escena que, días antes, parecía imposible: el uribismo y el petrismo celebrando un mismo resultado.

El pragmatismo como estrategia parlamentaria: las razones detrás del voto del Pacto Histórico

Horas antes de que comenzara la votación, el director del Centro Democrático, Gabriel Vallejo, anticipó en conversación con CAMBIO que su partido no tendría reparos en recibir los votos del Pacto Histórico. Su argumento era que, al ser la bancada más numerosa de la coalición que respaldará al presidente electo, su colectividad debía conservar la tradición de quedarse con la presidencia del Senado durante el primer año de gobierno. 

En diálogo con este medio, el senador David Racero sostuvo que el voto por Honorio Henríquez no obedeció a un acercamiento con el uribismo, sino a una lectura pragmática del nuevo escenario político. Según explicó, el ascenso de Abelardo de la Espriella reconfiguró las prioridades de la oposición y abrió coincidencias estratégicas con sectores con los que el petrismo mantiene profundas diferencias. 

“Hablar de 'petrouribismo' es una reducción absurda. Ellos son partidos de gobierno y tienen una agenda política diferente a la nuestra. Pero creo que varios del Centro Democrático se han dado cuenta del monstruo que inventaron, que aunque creyeron que lo podían domesticar, él se los puede devorar”, sostuvo el congresista del Pacto Histórico. 

La senadora Carolina Corcho asumió parte del liderazgo político durante la jornada y les recordó a sus 25 colegas que la instrucción provenía de la Presidencia y debía cumplirse para impedir que De la Espriella comenzara su mandato con el control de la mesa directiva del Senado. Hasta Iván Cepeda depositó su voto por Honorio Henríquez para concretar lo que calificó como la primera gran derrota de quien lo venció en la elección presidencial. 

Con las directrices de Uribe y Petro sobre la mesa, las dos maquinarias políticas que durante años hicieron de la confrontación su principal combustible terminaron trabajando en la misma dirección. Las críticas por esa coincidencia no tardaron en llegar, pero desde el Centro Democrático defendieron la decisión: "El precio que uno paga por desafiar a los de 'Siempre', que se vendieron como los 'Nunca', es muy alto, pero vale la pena", indicó el director del partido.

¿Derrotar al “fascismo” con el apoyo del uribismo?: la apuesta del Pacto Histórico

Para propinarle una derrota a De la Espriella, el Pacto Histórico terminó respaldando a uno de los opositores más férreos de Petro. Deluque había acompañado iniciativas como la Paz Total, la primera reforma tributaria, el Plan Nacional de Desarrollo y la reforma a la educación. En contraste, Henríquez se ausentó o votó en contra de casi todas esos proyectos y solo coincidió con el Gobierno en la creación de la Jurisdicción Agraria. Sin embargo, en esta ocasión pesó más el momento político que el historial de votaciones.

Reunión de la bancada del Pacto Histórico con el presidente Gustavo Petro y el senador Iván Cepeda en la Casa de Nariño. Foto: Presidencia.
Crédito: Redes sociales del Pacto Histórico

En diálogo con CAMBIO, el senador Orlando de la Hoz defendió la decisión de su bancada y aseguró que la discusión nunca giró alrededor de las coincidencias ideológicas con el Centro Democrático, sino de la necesidad de impedir que el gobierno entrante concentrara más poder desde el primer día. A su juicio, la prioridad era garantizar contrapesos institucionales y preservar el espacio de la oposición en el Congreso.

"Jamás íbamos a respaldar la opción promovida desde el Palacio de Nariño ni a quienes actúan con sed de venganza y con la intención de exterminar a las fuerzas alternativas. Preferimos una dirección en la mesa directiva condicionada a respetar el juego democrático", explicó el congresista barranquillero. 

En esa misma línea, la senadora Aída Avella, quien coordinó la campaña presidencial de Iván Cepeda, sostuvo que la derrota de Deluque dejó claro que el nuevo oficialismo no podrá asumir que las mayorías en el Congreso están garantizadas ni imponer sus decisiones por el simple peso de su victoria electoral. "El mensaje es que no podrán gobernar imponiendo, ni a las malas", resumió.

Divide y vencerás: el triunfo parcial del Pacto en medio da la división de la derecha 

En la disputa entre el abelardismo y el uribismo hay un factor que explica por qué esta pelea trasciende la elección de una mesa directiva: las elecciones territoriales del próximo año. Mientras De la Espriella avanza en la construcción de Defensores de la Patria como un partido propio, en el Centro Democrático crece la preocupación por una eventual fuga de dirigentes, congresistas y liderazgos regionales hacia el movimiento del presidente electo. 

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Crédito: CAMBIO

Esa preocupación ya empezó a expresarse públicamente. En una reciente entrevista con CAMBIO, Daniel Briceño, el congresista más votado del Centro Democrático en las pasadas elecciones legislativas, admitió que la derecha atraviesa una competencia interna por el ejercicio del poder. En ese sentido, reconoció que el uribismo tendrá que replantear su estrategia política para evitar una nueva desbandada de dirigentes regionales hacia el proyecto de De la Espriella. 

En medio de esa competencia por el liderazgo de la derecha, el Pacto Histórico encontró una oportunidad para pescar en aguas revueltas. En la bancada de izquierda insisten en que el episodio no marca el nacimiento de una alianza con el uribismo, pero reconocen la posibilidad de eventuales coincidencias ante escenarios en los que ambos partidos prioricen la defensa de la autonomía del Congreso. 

“No tenemos coincidencias programáticas ni ideológicas con el Centro Democrático. Pero tener esas diferencias no implica que alrededor de temas concretos no se pueda tener coincidencia. Ellos no renunciarán a sus tesis, pero hubo un cruce de intereses con un sector de la derecha que se siente amenazado”, detalló a este medio el representante progresista Gabriel Becerra.

¿Hasta dónde llegará la coincidencia en las votaciones entre el petrismo y el uribismo?

Aunque ambas colectividades insisten en que se trató de una coincidencia excepcional, el entendimiento entre el Pacto Histórico y el Centro Democrático no representa una amenaza menor para las reformas de De la Espriella. Las dos bancadas suman 113 congresistas, controlan cerca del 40 por ciento del Senado y una tercera parte de las curules de la Cámara de Representantes. 

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Tras la elección de Honorio Henríquez, De la Espriella y su círculo cercano han intentado bajarle el tono a sus cuestionamientos al uribismo. - Crédito: Colprensa

Para el senador David Racero, el margen de maniobra del Pacto Histórico dependerá, en buena medida, de cómo evolucione la disputa por el liderazgo de la derecha. A su juicio, esa fractura puede abrir oportunidades para una bancada que, aunque está lejos de tener mayorías propias, conserva un peso suficiente para incidir en las decisiones del Congreso.

“Es una pugna entre dos modelos de derecha: una que tuvo un origen criollo, rural, ligado a la ocupación de la tierra, tanto legal como ilegal, que es la tradición de la que viene el uribismo y contra la cual seguiremos luchando, y otra derecha transnacional, mucho más peligrosa, con una agenda global de dominación. que estamos aprendiendo a afrontar”, sostuvo el senador de izquierda. 

En el Pacto Histórico insisten en que ese acercamiento tiene límites claros y que en que las únicas circunstancias en que prevén volver a encontrarse con los votos del uribismo serán aquellas relacionadas con evitar que el Ejecutivo concentre un poder excesivo. Bajo esa lógica, no descartan coincidir en debates como el de la posesión de De la Espriella en una guarnición militar, una proposición que ya ha despertado reparos incluso entre dirigentes de la derecha. 

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