Ir al contenido principal
Jorge Enrique Abello
Puntos de vista

El odio

Dedicado a mis dos bellas amigas Juana Perea y Mersa Gnecco. Asesinadas en dos diferentes momentos y circunstancias por el odio.

País de paracos, guerrilleros, indios, zambos, maricas, estafadores, asesinos, hampones, ratas, guaches, clasistas, violentos, mafiosos, borrachos, monstruos, avivatos, corruptos, lentejos, hipócritas, salvajes, parricidas, feminicidas, megalómanos, sátiros, sicarios, inescrupulosos, vendidos, bandidos, tibios, fachos, zurdos, mamertos, babosos, sieteleches, machistas, racistas, vagos, violadores de niños. Estas son algunas de las palabras que hemos utilizado para nombrarnos como colombianos, en titulares de prensa, entre nosotros y en las paredes de baño en que convertimos las redes sociales. Somos un país que decidió autodefinirse desde su oscuridad. Lo digo con la certeza de que los más de 52 millones de colombianos que habitamos esta tierra no somos así, pero podemos llegar a vernos así. Uno es como se ve, recuérdenlo.

No por nada Gabriel García Márquez encuentra tierra fértil para escribir Cien años de soledad en este Macondo que hemos decidido vivir. Echandía, durante el 9 de abril en las calles de una Bogotá incendiada por el asesinato de Gaitán, nos definió como un “país de cafres”. César Augusto Londoño, despidiendo la emisión nocturna del Noticiero CMI el día que asesinaron a Jaime Garzón, cerró su sección con un “y hasta aquí los deportes, país de mierda”. Creemos que nuestro principio de realidad es ser un narco-estado como tantas veces nos hemos recriminado con golpes de pecho y que en el país “más feliz del mundo”, donde se asesina uno o dos o más líderes sociales por semana, lo único que recorre los campos es la sombra de un demonio armado ya sin bando ni bandera.

Artículo exclusivo para suscriptores

Suscríbete para acceder a todo nuestro contenido.

Suscribirme
Finalización del artículo

Lea los comentarios

Artículo exclusivo para suscriptores

Suscriptores

Compartir en redes sociales