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Jorge Enrique Abello
Puntos de vista

Carta abierta al próximo presidente de Colombia

Esta carta la escribo el 9 de mayo de 2022 y, sin embargo, pienso que la pude haber escrito el 9 de mayo de 2010, o el 9 de mayo del 2000, o en 1993, o en el 85, o en cualquier año de las últimas cuatro o cinco décadas, sin que cambiara sustancialmente su contenido. Cuando pienso en esto, un escalofrío me recorre porque me doy cuenta de que Colombia habita un bucle en el tiempo; no avanzamos, damos vueltas en torno a nuestro propio sufrimiento; estamos subidos en un tiovivo que pareciera se quedó girando díscolo por la eternidad, bajo la melodía de las metrallas.

Me pregunto entonces, como lo hizo otrora el gran poeta español León Felipe: ¿Es urgente esta canción?, o en mi caso, ¿Es urgente esta carta? Y sí, sí lo es, porque como colombianos somos los dueños de nuestro destino, atrapado ante la imposibilidad de resignificar nuestra historia y emprender un futuro sólido, esperando una verdad que anda a lomo de mula y que por lo tanto aún no nos hace libres.

Hoy casi medio país está bajo el influjo de la nueva-vieja violencia que nos azota. Once departamentos, de 32, están sufriendo la arbitrariedad de un paro armado, y sus habitantes están presos por el miedo y la beligerancia de grupos por fuera de la ley. En las grandes ciudades el crimen organizado no da tregua a los ciudadanos y se configura como un monstruo de mil cabezas que poco a poco estrangula con sus tentáculos la vida que trata de emerger después de la pandemia. En Bogotá y Cali ya tienen zonas que les pertenecen y allí mandan como repúblicas independientes, sin que nadie haga nada. La inflación al día de hoy rompe récords de dos décadas ubicándose en el 9,23 por ciento y la corrupción galopa fragante amparada por la indiferencia cómplice del Estado. Pero miren cómo es la vida, hoy el presidente de la nación anuncia que se han recuperado casi 95 por ciento de los empleos que se perdieron en la pandemia. En 2021, según informe del Dane, el crecimiento del país se ubicó en un 10,6 por ciento Es decir, que la economía pospandemia repuntó, pese a la inflación, según confirma también informe de enero del DNP (Departamento Nacional De Planeación) y así seguimos en esta dialéctica en la que vivimos y morimos en la tierra del olvido. En una mano blandimos la espada destructora y en la otra una vara mágica que lo revive aparentemente todo, según del lado que estemos parados. Es así desde que tengo memoria, somos mitad Jekyll y mitad Hyde y eso nos hace propensos a la polarización, que quizás es el peor de nuestros males, porque hace imposible la cohesión como sociedad que necesitamos para resolver nuestros problemas. Un ejemplo de esto es que nos va bien en macroeconomía, pero mal en equidad, porque por más de que crezcamos año tras año, nuestros niños siguen muriendo de hambre, las madres de Colombia siguen perdiendo a sus hijos en medio de una guerra estéril, las zonas alejadas del país siguen siendo “las zonas alejadas del país” que nadie se ha tomado la molestia de acercar con educación, salud y vías y el bucle del perverso tiempo no nos lleva a ningún lugar donde exista una posible solución a nuestros males, que se reproducen como roedores bajo las alcantarillas.

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