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Jorge Enrique Abello
Puntos de vista

El último encuentro

Salgo a caminar. Los últimos meses la ciudad ha estado envuelta en una nube etérea de agua y tiempo. “No sé si fue hoy o ayer”, no sé cuándo murió mamá, ya ni recuerdo, olvido caminando entre la lluvia como El extranjero de Camus, ya no pertenezco a Bogotá, la ciudad de todos y de nadie.

Volverse nadie cuando por primera vez puede llegar a tener sentido es una ilusión. Sigo mi camino, el viento helado me corta los labios, levanto las solapas del gabán para evitar la herida; está oscuro, pero apenas son las diez de la mañana; veo serpenteando con el viento un coche de bebé; está ajado, trémulo, lo empuja un hombre de cuerpo afilado, con la entraña pegada al espinazo.

Al acercarnos me llama -familia- y me pide dinero, es venezolano, al corte veo el niño pasar, envuelto en trapos, duerme en el fondo de la góndola -no sé si despierte-. El hombre me llama actor, creo que él actúa mejor; avanzo, su última mirada es de piedra, nunca sentí respirar al niño.

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