Ir al contenido principal
Jorge Enrique Abello
Puntos de vista

El enemigo interno

Lo que recuerdo de él es poco. Apenas compartimos un toldo en diez minutos de chubasco bogotano pero fue suficiente para cambiarme la vida, aunque solo me haya dado cuenta muchos años después frente al Informe Final de la Comisión de la Verdad, presentado la semana pasada al mundo por el padre Francisco de Roux; y que para ser sincero, es imposible leer sin lágrimas en los ojos.

Una tarde del pasado mientras grababa una escena, ya no recuerdo de qué, el cielo, sin mediar palabra, se descuajó sobre nosotros; obligando a todo el crew a esconder rápidamente los equipos de la tempestad y a los demás a dispersarnos buscando refugio. Un agente de la policía que estaba custodiándonos ese día de rodaje y yo, logramos alcanzar la carpa del café antes de que el temporal nos empapara por completo. Llovieron hasta pianos. Los dos, atónitos, vimos cómo el edificio de enfrente desaparecía entre la lluvia y la niebla.

El agente tenía la piel del color del caramelo quemado, sin arrugas; apenas algo de pata de gallina que delataba sus 40 años; el pelo negro y la frente amplia, corte militar, ojos achinados. Su boca era como una puñalada en un taburete de cuero, sincera, pero sin sonrisa, no pasaba del metro setenta y cinco y su cuerpo parecía haber sido creado de un solo trazo; sólido, compacto y fuerte era el capricho de Dios sobre él.

Artículo exclusivo para suscriptores

Suscríbete para acceder a todo nuestro contenido.

Suscribirme
Finalización del artículo

Lea los comentarios

Artículo exclusivo para suscriptores

Suscriptores

Compartir artículo en redes sociales