
Todo indica que Venezuela dejará de ser el territorio seguro que ha sido para el ELN, y también, claro está, para quienes comandan la disidencia de las Farc conocida como Segunda Marquetalia.
Y no solo porque, como lo confirmó el ministro de Defensa, Pedro Sánchez, un tema clave del encuentro entre los presidentes Donald Trump y Gustavo Petro —el próximo 3 de febrero— será la cooperación de Estados Unidos con Colombia para el combate al ELN y los demás grupos armados ilegales que actúan en la frontera colombo-venezolana. También, porque, en la reunión que sostuvieron la semana pasada, el director de la CIA, John Ratcliffe, y la presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, hablaron expresamente de impedir que ese país sea “refugio seguro para los adversarios de Estados Unidos, especialmente narcotraficantes”.
No es un asunto menor que haya sido el jefe de la inteligencia estadounidense el primer funcionario de ese país en reunirse personalmente con la presidenta interina de Venezuela. Ese hecho habla por sí solo de la presión que hay sobre el chavismo para que combata a quienes Estados Unidos identifica como narcotraficantes, y más recientemente, como “narcoterroristas”.
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