Ir al contenido principal
Álvaro García Jiménez

Willie Colón, afinado en la música y la política

La muerte de Willie Colón no es solo la despedida de un gigante de la salsa; es también el momento perfecto para desmontar uno de los mitos más repetidos en América Latina: que el arte auténtico necesariamente pertenece a la izquierda. Colón fue la prueba viviente de lo contrario.

Por: Álvaro García Jiménez

Fue extraño; premonitorio. Cuando se desató la polémica sobre qué tanto representaba Bad Bunny a la cultura y el arte latino, en un acto reflejo —y como un mecanismo de defensa— pensé automáticamente en Willie Colón: un artista total, un hombre que fue capaz de conectar el alma de las personas de este lado del mundo con la sangre que corre por sus venas, con las raíces profundas de su identidad y las columnas de la cultura del continente, en sus campos y ciudades.

Un tipo que recordó la muerte de los indígenas en las plantaciones; la desigualdad social y la pobreza, los barrios olvidados, la lucha por ascender en la sociedad, algo de frustración generacional; la identidad latina, la nostalgia del origen, el orgullo inasible de una raza; la violencia como destino: fatalismo, muerte prematura, cárcel, traición; la realidad del amor, celos, deseo; criticó a la sociedad por su corrupción e hipocresía; tocó el corazón de la ‘afrocaribeñidad’, diáspora, tambores y trompetas en el espíritu; fe y superstición, ironía y sátira; identidad de género, moral pública y moral de puertas para adentro. Colón nunca cantó desde la ideología: lo hizo desde la observación honesta de una sociedad atada a la columna vertebral del continente. Algo que muy pocos líderes del continente han hecho. Busqué hace unos días las noticias sobre Colón, y vi que lo habían internado en un hospital de Nueva York con “problemas respiratorios”. Aparecieron en la búsqueda de noticias unas frases en una presentación, en las que decía que probablemente ese sería su “último concierto”. Y me quedé con una inquietud, un mal presentimiento. 

Y la noticia de su muerte llegó como ese sonido metálico que se cuela tarde por la ventana del cuarto y toca algo profundo. Así me llegó la muerte de Willie Colón: como un eco, que no sabemos si viene de lejos o de adentro. 

Artículo exclusivo para suscriptores

Suscríbete para acceder a todo nuestro contenido.

Suscribirme
Finalización del artículo

Lea los comentarios

Artículo exclusivo para suscriptores

Suscriptores

Compartir en redes sociales