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Marisol Gomez
Puntos de vista

Tres grandes sorpresas de la campaña presidencial

El país que llega a las elecciones presidenciales del próximo domingo no es el mismo que salió a votar en el 2022, y algunas de las sorpresas que nos dio esta campaña no tendrán efectos pasajeros. Por el contrario, marcarán el futuro de la política colombiana.

En primer lugar, es sorprendente que Álvaro Uribe, quien durante los últimos 20 años ha representado el polo más extremo de la derecha, ahora parezca moderado y hasta de “centro” frente a un imitador criollo de los presidentes de Estados Unidos, Donald Trump, y de El Salvador, Nayib Bukele, como lo es el candidato presidencial Abelardo de la Espriella.

Un hecho similar ya había ocurrido en la región con la derecha, cuando el exmilitar de extrema derecha Jaír Bolsonaro emergió en el 2018 en el escenario político de Brasil. En el 2019 se convirtió en presidente de ese país.

En el caso de Colombia, el decrecimiento de la candidata presidencial de Uribe, Paloma Valencia, en las últimas encuestas, mientras aumentaba la preferencia por De la Espriella, nos revela hasta dónde una parte del electorado se ha radicalizado en su deseo de sacudirse de lo que luzca mínimamente parecido al primer y saliente gobierno de izquierda del país, encabezado por Gustavo Petro.  

La crisis de seguridad que está viviendo Colombia y que una buena parte de los votantes atribuye totalmente a la fracasada política de Paz Total de Petro, tiene mucho que ver con la inclinación de los electores tradicionales de la derecha hacia una opción de extrema derecha, como De la Espriella.

Esto, aunque el candidato presidencial de Defensores de la Patria no pueda cumplir su promesa de acabar a punta de bombardeos con los grupos “narcoguerrilleros” que controlan amplios sectores del país, pues las organizaciones criminales de hoy no se parecen en casi nada a las antiguas Farc, que estaban en campamentos y combatían. Los grupos armados ilegales responsables de la actual violencia recurren más al terrorismo y se mimetizan entre la población que los está sufriendo.

En contraste con la ‘hiperderechización’ de un sector del país, y por eso incluso más inesperado en esta campaña, ha resultado el hecho de que, a pesar de la decepción generalizada con el Gobierno de Petro —no solo de la derecha—, sea el candidato de la izquierda, Iván Cepeda, el que encabece los sondeos de opinión para la primera vuelta de la elección presidencial del próximo 31 de mayo.

Es sin duda una novedad política de esta campaña el que, a pesar de Petro, la izquierda haya tenido el papel protagónico que ha tenido en las preferencias electorales. Creo que nadie se lo imaginaba.

Como queda claro, la izquierda ya no es un experimento, como sí lo fue en las elecciones del 2022, cuando ganó Petro alimentando una promesa de cambio frente a lastres históricos de la política tradicional, como la corrupción o el clientelismo, en lo cual no hizo diferencia alguna.

Pero tenga o no tenga presidente para el período 2026-2030, la izquierda, como lo mostró la actual campaña presidencial, se consolidó como fuerza electoral. De hecho, la coalición del Pacto Histórico fue la más votada para el Congreso que se posesionará el próximo 20 de julio, con 25 senadores y 41 representantes a la Cámara. Serán un contrapeso importante si la extrema derecha se queda con la Presidencia, como predicen algunas encuestas.

En la consolidación de la izquierda influyó que un sector de la población que se sentía políticamente marginado encontró una voz representativa en el discurso de Petro. También lo hizo el incremento de un 23 por ciento del salario mínimo para este año mediante un controvertido decreto presidencial. Eso puso más dinero en los bolsillos de 2,4 millones de trabajadores, que según cifras oficiales se ganan el mínimo.

Para algunos sectores de la derecha, eso es populismo de izquierda pero, más allá de eso, parece haber funcionado. El aumento real del salario mínimo entre el 2023 y el 2026 se acerca al 50 por ciento, y esto es un alivio en los ingresos de millones de familias colombianas.

Finalmente, la polarización extrema será otra marca de la campaña presidencial del 2026. Si bien la división entre los colombianos no es nueva, sí asombra la contundencia con la que los sondeos de opinión muestran que serán los dos polos del espectro ideológico los que se disputarán la Presidencia de Colombia en segunda vuelta.

El centro político quedó eclipsado en esta campaña, a pesar de la presencia de dos candidatos con trayectoria y experiencia en gobierno, como Claudia López y Sergio Fajardo. Precisamente, como consecuencia de la extrema polarización, los dos candidatos considerados de centro terminaron sus campañas con porcentajes inferiores al 4 por ciento en las intenciones de voto.

Independientemente de quién sea el próximo presidente de Colombia, las sorpresas que nos dio esta campaña presidencial sugieren que el país ha cambiado políticamente. Y quizás hacia el futuro, el impacto más fuerte provenga del posicionamiento del electorado de izquierda.

Este hecho no solo puede profundizar la polarización del país, sino que obliga al replanteamiento de la derecha encabezada en los últimos 20 años por Uribe. Con mayor razón, es un llamado de atención al centro político, cuyos candidatos hicieron campaña apelando, justamente, a la supuesta fatiga que produce la polarización de los extremos ideológicos. Lo que vimos es todo lo contrario: una polarización más intensa.

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