Paola Herrera
14 Octubre 2023

Paola Herrera

El tren que Petro quiere hacer en la zona más violenta de Colombia

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Cambio Colombia

Justo en frente de la Terminal de Transporte de Cúcuta, en la vía que conduce al Aeropuerto Internacional Camilo Daza, se encuentra ubicada una locomotora de color verde con negro, que, levantada sobre un antiguo puente del ferrocarril de esa ciudad, le recuerda diariamente a los nortesantandereanos que hace más de 80 años tuvieron uno de los primeros y más importantes trenes de Colombia. 

El tren, considerado un transporte internacional ya que comunicaba a la capital de Norte de Santander con Orope y San Juan de las Palmas en Venezuela, fue un proyecto creado por la empresa privada Ferrocarril de Cúcuta en 1877, justo después del terremoto que devastó a esta región que necesitaba levantarse e impulsar nuevamente su desarrollo económico y social. 

El ferrocarril inició con un trayecto de solo 8.7 kilómetros, pero alcanzó a completar más de 60, convirtiéndose en una de las rutas más destacadas a nivel nacional ya que permitió mejorar el comercio con el vecino país, incrementar las exportaciones especialmente de café y, como si fuera poco, le empezó a dar la visibilidad a esa zona conocida como el Catatumbo. 

Aunque de ese gran proyecto solo queda aquella locomotora que ahora es un monumento y pese a que en 1941 se ordenó levantar algunos rieles para darles paso a carreteras en la región, hoy, 146 años después, se abre de nuevo la posibilidad de que este departamento vuelva a tener un sistema férreo y volvamos a voltear los ojos hacía un territorio que parece haberse congelado en el tiempo por causa del abandono estatal y de la violencia que lo caracteriza.

Justamente, recuperar esa memoria histórica y la fuerza que tuvo el tren de Cúcuta era siempre uno de los objetivos que se planteaban las administraciones locales desde hace varias décadas. Sin embargo, las necesidades de los nortesantandereanos han sido tantas que han hecho que este proyecto siempre termine en el último lugar en la lista de aquellas cosas que hay que atender. A pesar de esa situación, esta vez pareciera que sí hay voluntad y que el sueño de volver a tener un tren en el Catatumbo podría convertirse por fin en una realidad. 

Por lo menos así está establecido en el Plan Nacional de Desarrollo del Gobierno de Gustavo Petro. En la hoja de ruta de la actual administración, y por petición de los entes territoriales, se plantearon proyectos estratégicos para transformar las regiones históricamente olvidadas, pero con potencialidad y posibilidades de crecimiento y, por supuesto, Norte de Santander es una de esas. 

De esa forma, se priorizó un proyecto que llama mucho la atención y que puede llegar a ser, para muchos expertos, una gran forma de recuperar una región en donde la violencia, el conflicto, el crimen, el narcotráfico y hasta la afectación medio ambiental son protagonistas día tras día. Ese proyecto es nada más y nada menos que el nuevo Tren del Catatumbo. 

Según la información entregada por el Departamento de Planeación Nacional (DNP), el Tren del Catatumbo o el Ferrocarril de Norte de Santander es un proyecto que tiene como objetivo conectar a Cúcuta con el Sistema Ferroviario Central también conocido como Corredor Férreo Central, que es aquella troncal que atraviesa el país desde La Dorada en Caldas hasta Santa Marta en Magdalena, pasando por Chiriguaná en Cesar. 

Esta columna conoció detalles de cómo se haría dicha conexión, que inicialmente está pensada en dos posibles trazados que irían el primero desde Cúcuta usando los rieles que quedaron de aquel viejo sistema férreo, pasando por los municipios del Catatumbo, es decir, por Tibú y El Tarra y luego el tren cogería hacía Convención, El Carmen y ahí llegaría a Puerto Acapulco.

La segunda opción es ir un poco más hacía el sur, saliendo de Cúcuta a Sardinata después a San Calixto, llegar a Teorama y ahí también se encontraría o con el ferrocarril central para llevar la carga a Santa Marta o incluso con el río Magdalena para movilizar mercancía hasta Barranquilla o a Cartagena. En ambos casos la viabilidad depende del paso por la cordillera Oriental, ya que entre más pendientes haya es mucho más difícil hacer obras de esa naturaleza. 

Para saber cómo se puede hacer este tren y cuánto va a costar, el DNP junto con el BID se encuentran en proceso de contratación de la consultoría que deberá hacer los estudios de prefactibilidad. Quien haga esa consultoría debe entregar estudios de por lo menos dos trazados o de las rutas por donde iría el tren, las cuales se estima sean de aproximadamente 340 kilómetros. 

Se espera que a finales de octubre se adjudique esa consultoría que le costará al país 8.000 millones de pesos y para la que ya hay tres firmas interesadas en hacerla. La idea es que, en un año, es decir, en octubre de 2024, se tenga clara la prefactibilidad técnica, legal, ambiental y financiera del proyecto para empezar inmediatamente la estructuración del mismo que estaría a cargo de la Agencia Nacional de Infraestructura. 

La cosa no es tan fácil ni rápida como quisiéramos ya que todo depende de cómo salgan esos estudios porque solo con los resultados de los mismos se podrá, hasta en 2025, abrir la licitación para un contrato de largo plazo que incluya diseños definitivos, fase tres (es decir ingeniería de detalle), preconstrucción y posteriormente la construcción del proyecto.

Un proyecto tan ambicioso sin duda significa una inversión importante de recursos. El cálculo que por ahora tiene el Gobierno es que este Tren del Catatumbo cueste 3,1 billones de pesos que, por el momento, no se sabe de dónde saldrían. Claro, es que, nuevamente, hay que esperar el resultado de los estudios para definir también la forma de financiación que seguramente funcionará como con el Metro de Bogotá en el que una parte la pone el Gobierno y otra la ciudad o el departamento. Se ha hablado también de la posibilidad de un aporte de capital privado, pero eso también lo dirá la consultoría. 

Lo cierto es que este es un anhelo de todos los habitantes en Norte de Santander. Esta columna conversó también con Sergio Castillo, presidente ejecutivo de la Cámara de Comercio de Cúcuta, quien asegura que desde el sector privado ven con muy buenos ojos este proyecto porque la región lo necesita y lo ha pedido casi que a gritos. 

Para el dirigente gremial, los costos operacionales en el departamento son muy altos empezando porque no hay carreteras que tengan condiciones óptimas para el transporte de carga. Por ejemplo, las emergencias que se han registrado recientemente en la vía que comunica a Cúcuta con Ocaña pasando por El Tarrita han hecho que hoy en día la capital nortesantandereana tenga una de las inflaciones más altas del país. A eso se le suman otras dificultades sociales como la tasa de desempleo que siempre está por encima de otras ciudades y el hecho de que cuatro de cada diez habitantes estén en condición de pobreza. 

Este territorio, además, ha permanecido olvidado y por eso es que los grupos al margen de la ley han hecho de las suyas allí. Por eso, otras voces consultadas consideran que es sumamente importante materializar esta idea con la que seguramente se generarían cientos de empleos porque se va a demandar mano de obra local; se podrán generar condiciones de competitividad, ya que los sistemas férreos reducen en un 26 por ciento los costos logísticos; y se generarían también encadenamientos productivos de muchas industrias interesadas en este tipo de obras. 

Norte de Santander tiene mucho potencial en sectores como cultivos agrícolas permanentes como el café, la caña de azúcar, el plátano, la palma y otros transitorios como el arroz y la yuca. Pero, además, es una zona productora de carbón y necesita tener un sistema de transporte de carga que le dé fuerza a esa actividad. 

Dicho lo anterior, los empresarios y la comunidad en esa región del país esperan que el Tren del Catatumbo no sea más que un anuncio del Gobierno ni una ilusión más y que de verdad haya un compromiso para que ahora sí se haga realidad. Los nortesantandereanos están cansados de ser solo vistos cuando hay episodios violentos allí. Es hora de entender que la paz también debe venir con desarrollo económico y, por supuesto, con una mirada social. 
 

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