
Una reflexión personal para el 10 de septiembre, día mundial de la prevención de suicidio
La psiquiatra Juliana García Castro del Observatorio de Salud Mental Positiva de la Clínica Montserrat reflexiona sobre la importancia de hablar del suicidio y sus implicaciones emocionales en las personas que lo consideran y aquellos a su alrededor.
El 10 de septiembre, Día Mundial de la Prevención del Suicidio, siempre es un día muy sensible para mí. Me recuerda lo importante que es hablar sin miedo sobre este tema, abrir espacios de diálogo y apoyo y tender puentes para acercarnos. También me confronta con una verdad difícil: la conciencia, el diálogo y la compasión son muy poderosas, pero no siempre logran evitar una pérdida por suicidio.
Con el tiempo he visto cómo la conciencia puede salvar vidas. Cuando aprendemos a reconocer señales de depresión, de un trastorno bipolar o de un sufrimiento insoportable, es más probable que podamos acercarnos, escuchar y conectar a alguien con la ayuda que necesita.
Cada vez que nos atrevemos a decir la palabra “suicidio” sin miedo, el estigma se rompe un poco más. Y en ese esfuerzo no estamos solos: las familias, los amigos, los profesores, los médicos, los vecinos, todos tenemos un papel en ese camino.
La conciencia es definitivamente el primer paso hacia la prevención. Sin embargo, también he aprendido una verdad muy dolorosa: no todos los suicidios se pueden prevenir. A veces, pese al amor, al tratamiento, al acompañamiento y a todos nuestros esfuerzos, el dolor que alguien carga puede seguir siendo demasiado.
Y esa realidad desafortunadamente puede dejar huellas de culpa en quienes quedamos. “¿Qué más pude haber hecho?” es una pregunta que se repiten los familiares, amigos e incluso los profesionales de la salud. Es muy importante entender que la culpa termina siendo una carga demasiado pesada para que se cargue encima del dolor de una pérdida por suicidio.
El suicidio es complejo, con raíces en la biología, la psicología y en circunstancias de vida que no siempre están bajo nuestro control. Creer que todos los suicidios son prevenibles es exigirnos algo imposible.
Por eso, en este día sostengo dos verdades:
- Sí, debemos seguir trabajando para prevenir el suicidio con compasión, educación, acceso a la atención y solidaridad.
- Y, sí, también debemos aprender a soltar la culpa cuando el suicidio ocurre, porque el amor, aunque inmenso, no siempre basta para evitar la pérdida.
La prevención del suicidio no es solo evitar una muerte: es honrar la vida. Es crear espacios donde el dolor y el duelo sean recibidos con comprensión y no con juicios. Es asegurarnos de que nadie tenga que cargar su sufrimiento en soledad.
A quienes hoy viven un duelo por suicidio quiero decirles: no fracasaron.
Su amor importó.
Su presencia importó.
Y la memoria de su ser querido sigue importando.
Eso también es parte de la conciencia sobre el suicidio.
Hoy abrazo la certeza de que hablar del suicidio no es hablar de la muerte, sino de la vida. Es reconocer la fragilidad, pero también la fuerza que aparece cuando sabemos que alguien camina a nuestro lado.
Cada conversación sincera, cada gesto de cuidado y cada mirada que dice “no estás solo” son semillas de esperanza.
Si estás atravesando un momento difícil, recuerda esto: tu dolor no te define. Tu vida tiene un valor inmenso, incluso en medio de la oscuridad. Y pedir ayuda no es un signo de debilidad, es un acto profundo de valentía.
El 10 de septiembre me recuerda, una y otra vez, que la prevención del suicidio empieza con escuchar, con nombrar el dolor sin miedo y con acompañar sin juicios.
Cada vida cuenta e incluso en medio de la pérdida, el amor puede seguir siendo un puente hacia la esperanza para nosotros mismos o para otros.
* Observatorio de Salud Mental Positiva, ICSN Clínica Montserrat Hospital Universitario.
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