3 Febrero 2022

El lento regreso de un dinosaurio

El disco de vinilo, que se había dado por muerto al comenzar la década del 90, ha revivido. No solo los nostálgicos lo buscan. También lo hacen las nuevas generaciones. Pero este ha sido un proceso que aún debe superar obstáculos prácticos.

Por Manolo Bellon

A mediados de los años noventa los apocalípticos anunciaron solemnemente que los discos de vinilo eran historia y que los discos digitales, o CDs, se habían tomado el mundo. Era hora de botar las tornamesas que en todo caso ya no se fabricaban y solo servirían como curiosidades para las nuevas generaciones y los discos de vinilo, tan grandes, delicados e incómodos tenían mejor destino en un basurero. Esos pequeños discos que podían contener, si se comprimían los sonidos, horas de música de excelente calidad sonora, eran fáciles de manejar y almacenar y prácticamente acabaron con el mercado de los discos de larga duración, y otros formatos análogos. Muchos hicieron caso, hasta las productoras de discos dieron de baja y destruyeron las máquinas masterizadoras y prensas de esos soportes sonoros, que hacían parte de la nostalgia de unos pocos que no aceptábamos lo que parecía una dura realidad. Pero, como tantas otras costumbres y tradiciones del siglo XX, los discos y sus reproductores se convirtieron en una curiosidad histórica para nosotros los más mayorcitos. 

Tienda de discos de Vinilo
Después de muchos años, las tiendas se volvieron a llenar con discos de vinilo. Crédito: Archivo personal.

Luego despidieron el siglo XX y comenzando el nuevo milenio llegaron los motores de búsqueda que permitían descargar canciones, proceso que en esos primeros tiempos podía durar horas. Luego aparecieron la compresión de sonidos y los aparatos que reproducen música, los servicios pagos o los de descarga ilegal, o pirata. Entonces le tocó al disco digital entrar en cuidados intensivos y sus ventas cayeron de manera dramática. ¿Para qué discos, si en mi aparatico reproductor podía tener miles de canciones?

Así que cuando en 2005 llegó una noticia sobre los discos de vinilo, prácticamente pasó desapercibida. La información indicaba que en las tiendas de discos de Estados Unidos había un leve pero significativo repunte de ventas de discos de larga duración. Nadie sabía por qué y muy pocos le dieron alguna importancia.

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Ese año mientras las descargas legales de canciones crecían casi 200 por ciento, la venta de discos digitales caía en más de 7 por ciento, y las ventas de discos de vinilo fueron de apenas 2 millones de unidades. Dos millones de copias en todos los géneros y todos los artistas en el año. Despreciable cifra, pues esa cantidad la vendía cualquier disco medianamente exitoso en los años 80 y comienzos de los años 90 en el siglo pasado. De ahí en adelante todos los años la cifra ha ido creciendo hasta que en 2020 se vendieron 27,5 millones de discos de larga duración. Claro, están lejos de las cifras de aquella era dorada de la industria fonográfica, pero si se considera que cerca de 30 por ciento de las ventas de discos en físico son de este formato, ya es algo para tener en cuenta. La tecnología que nació unos 100 años atrás revive.

De repente, la industria fonográfica tuvo que sacudirse y buscar de nuevo esos jurásicos aparatos para hacer matrices y todo aquel proceso para prensar discos otra vez. A mediados de la década pasada, las pocas empresas dedicadas a hacer los discos trabajaban 24 horas y no satisfacían la demanda. Hoy el asunto se complica cuando escasea la materia prima para su fabricación, un PVC derivado del petróleo. Además, tampoco se consigue el cartón necesario para las carátulas. El público quería comprar discos, y no solo los de sus viejos artistas, ahora buscaba también los nuevos lanzamientos. Cuando uno de los artistas de moda graba un nuevo producto, ya es obligatorio lanzarlo en vinilo. El mercado está ávido de productos nuevos y, también, los clásicos en discos físicos. 

Sala con discos de vinilo
La fabricación de tornamesas se ha convertido nuevamente en una industria pujante. Crédito: Archivo personal.

Así que hay cola para prensar discos. Cuando Sony Music quiso lanzar en 2021 el álbum 30, de Adele, reservó ¡la totalidad de la capacidad de producción!, con seis meses de anticipación, para tener listos medio millón de discos de larga duración para la fecha del lanzamiento. ¿Los demás? Pues a esperar… Hay una lista de espera que en algunos casos puede ser de más de un año. Esto muestra las limitantes que hay para satisfacer un mercado que en 2020 creció casi 30 por ciento, según informe de la Asociación de la Industria Fonográfica de Estados Unidos. Incluso en 2021 en ese país se vendieron 41,7 millones de discos, superando los 40,6 millones de CDs vendidos, cosa que no ocurría desde 1989. Eso equivale a un crecimiento de 51,44 por ciento. Según MRC Data, proveedor de datos y estadísticas de la industria fonográfica, solo en la semana antes de Navidad en Estados Unidos se vendieron más de 2 millones de discos de larga duración. Sin cifras oficiales aún para el año que terminó, en septiembre se proyectaba que la industria podía vender más de 1.000 millones de dólares en música impresa en soportes físicos, es decir, vinilos y CDs.

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Nada mal cuando el dato de 2011, apenas diez años antes, indica que el mercado de los discos de vinilo solo representaba 1,7 por ciento de la ventas de discos físicos. 

En el año que acaba de terminar, según la industria fonográfica británica BPI, (por sus siglas en inglés), el mercado creció 8 por ciento frente a 2020, que representa más de 5 millones de copias. Los álbumes Voyage, el regreso de ABBA, y 30 de Adele fueron los grandes jaladores del mercado. 

Y como si fueran pocas las buenas nuevas, Evermore, el más reciente trabajo de Taylor Swift,, en solo una semana vendió 40.000 copias en vinilo, la mayor cantidad de un disco desde 1991.

¿Pero, qué está moviendo este mercado?

Parte de lo que mueve el mercado es que el consumidor está deseoso de poseer físicamente su música, en contraste con tenerla prestada en los servicios de streaming. Es el resultado de los encierros obligados por la pandemia, donde cambiaron los hábitos de consumo de música. Liliana Andrade, de la tienda de discos RPM, en Bogotá, asegura que las personas entre 30 y 40 años se han vuelto a fascinar con la música en físico, en contraste con la que está en los servicios de streaming o en sistemas de almacenamiento. No es un fenómeno exclusivo de los mayores de 40 años nostálgicos por el pasado. Incluso Andrade dice que a su tienda llegan muchos jóvenes de solo 20 años de edad, quienes apenas están descubriendo la música en soportes físicos y terminan fascinados con el ritual del vinilo. Daniel Roa, de Tango Discos, agrega que la pandemia hizo que la gente volviera a escuchar música, realmente escucharla, en contraste con tener una playlist sonando de fondo mientras se desarrollan otras actividades.

La magia del vinilo “es más un rito que se fundamenta en el romanticismo que se genera con el contacto físico, desde la acción de abrir el objeto que en sí mismo ya genera una satisfacción, pasando por el deleite que representa disfrutar del arte de la portada y demás contenidos que pueda tener el disco, como insertos, fundas y material extra, hasta llegar al sublime momento de la reproducción del disco como tal. Siempre es como la primera vez. Esto jamás lo tendrá un formato digital”, manifiesta Rodrigo Duarte de La Roma Records.

La magia del vinilo es más un rito que se fundamenta en el romanticismo que se genera con el contacto físico, desde la acción de abrir el objeto que en sí mismo ya genera una satisfacción, pasando por el deleite que representa disfrutar del arte de la portada.

En contraste con lo que ocurre en Estados Unidos y Europa, el mercado del vinilo en Colombia ofrece un panorama completamente diferente. Es bastante pequeño. Como señalan Duarte y Andrade, no hay cifras precisas de las ventas de estos discos en el país, pero los puntos de ventas coinciden en que, por ejemplo, no hay una importación masiva de discos por parte de las empresas fonográficas. Daniel Roa explica que no tienen interés en importar discos. No hay, como en otros tiempos, depósitos de discos donde las tiendas podían ir a escoger y conseguir los productos que interesarían a sus clientes. Ahora solo se importan los discos que un cliente solicita. Esto lleva a que la importación con todos los aranceles y otros costos hacen que los discos tengan un elevado precio que suele estar entre 120.000 y 150.000 pesos por unidad, aunque algunos de ellos llegan a superar los 200.000 pesos. Sin duda, en esto juega mucho el factor que no hay, como es la realidad en la mayoría de los países del mundo, fabricación local de discos. Hay pocas plantas en el mundo que no satisfacen la creciente demanda, en Sudamérica son pocas las empresas que fabrican vinilos. Las hay en Chile y en Colombia hay cuatro empresas que ofrecen el servicio, como indica Duarte. La mayoría de las productoras están ubicadas en Estados Unidos y en Europa. Este es un factor que incide, y mucho, en el precio final del disco.

Tienda de discos de vinilo
Cuando un artista de moda graba, es obligatorio lanzarlo en vinilo. Crédito: Archivo personal.

Camilo de Mendoza, de la tienda Tornamesa, explica que, ante la dificultad de conseguir producto de las fonográficas, algunas tiendas apelan a la importación directa, cuyo proceso es engorroso y costoso. Y es cuando algunas tiendas recurren a la importación irregular de unas pocas unidades a la vez. 

Aun así, con todas las dificultades, Roa señala que el mercado en estos tiempos de pandemia ha tenido un crecimiento interesante, que él calcula entre 30 y 40 por ciento en los últimos dos años. 

De ahí que hayan surgido ventas de discos por Instagram y otros medios digitales que no requieren de espacios físicos para adquirir la compra. Rodrigo Duarte asegura que solo en Bogotá hay más de 50 puntos de ventas de vinilos y “frente al consumo este es y seguirá siendo un producto de nicho. Eso quiere decir que su demanda es baja comparada con el consumo digital”.

Lo que no se puede cuantificar es el mercado del disco usado. Es un mercado que hace unos años estaba en pleno auge. Pero cada vez hay menos discos disponibles. Las personas que tenían los discos de vinilo de los padres o sus abuelos en un depósito, salieron de ellos en su momento. Hoy ya no es igual. Por un lado quienes tienen discos en vinilo, CDs o casetes, le asignan un valor que normalmente es muy superior al real. Juega el factor emocional y apego a recuerdos, más que en un valor de mercado. 

José Urías Peña, de EIL Colombia, afirma que, sin embargo, hay un mercado especialmente para la música tropical clásica, y de artistas clásicos reconocidos, como los icónicos compilados 14 Cañonazos Bailables de Discos Fuentes. Estos discos pueden tener un valor más alto, pero en general hay muchos que no lo tienen porque los artistas son poco conocidos y además, no incluyen los grandes éxitos. Todos los entrevistados coinciden en que Colombia es un mercado atractivo para extranjeros que buscan en nuestro país música en vinilo, inclusive en casetes y CDs.

Así que como lo dice Liliana Andrade, comprar discos es una experiencia única. Es una una inversión en la cultura y el arte para siempre.