30 Marzo 2022

Los profundos misterios del carnaval

Danza de monocucos.

Crédito: Eduardo Márceles Daconte

En su libro '16 danzas emblemáticas en el Carnaval de Barranquilla', el escritor Eduardo Márceles Daconte traza la historia de la fiesta popular más conocida y trascendental del país.

Por Eduardo Arias

El Carnaval de Barranquilla, proclamado en 2003 como obra maestra del patrimonio oral e inmaterial de la humanidad por la Unesco, es una fuente inagotable de inspiración, y ante su magia y encanto también sucumben los investigadores del folclor y la historia.

Uno de ellos es Eduardo Márceles Daconte, periodista y escritor, quien nació en Aracataca en 1942. Es licenciado en humanidades por la Universidad de Nueva York y magíster en artes del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de California. Él le dedicó cuatro años a investigar la coreografía, el vestuario y la música de las danzas que se ven en los desfiles del Carnaval de Barranquilla. El resultado de su trabajo es el libro 16 danzas emblemáticas en el Carnaval de Barranquilla, una edición bilingüe escrita en castellano e inglés, textos acompañados por 377 fotografías a color que captó el autor y que se presentan en secuencias didácticas.

 

Libro
Portada y contraportada del libro.

 

CAMBIO: ¿De dónde nació el interés por escribir este libro?

 

Eduardo Márceles Daconte: La idea se originó en una invitación que recibí para participar en el simposio denominado Música, identidad y cultura con el subtítulo de Folklore musical y danzario en el Caribe, que tuvo lugar en Santiago de los Caballeros, República Dominicana, en abril de 2013. Entonces escribí una ponencia basada en las danzas tradicionales que conocía desde niño en el Carnaval de Barranquilla. Una vez terminé de leer y explicar cada una de esas danzas, algunas personas se acercaron a conversar y me dijeron que hubiera sido más ilustrativa si hubiera llevado más imágenes y mejor aún, un documental para conocer mejor la coreografía, el vestuario y la música de esas danzas. Ahí comencé a entretener la idea del libro y de la película documental que está ya editada en borrador, solo falta agregar algunos detalles y corregir unos pasajes para exhibirla.

A mi regreso a Puerto Colombia, sin saber exactamente a dónde iba a parar, comencé a estructurar el proyecto conversando con miembros de algunas danzas y amigos conocedores del tema, buscando información en libros, revistas y periódicos; el internet fue una herramienta muy útil ya que a muchos directores de danzas los habían entrevistado años atrás en las páginas del diario El Heraldo de Barranquilla. A través de esas entrevistas pude reconstruir poco a poco la historia de algunas danzas, empezando con los nombres de sus fundadores, fechas, trayectoria y características de esas danzas patrimoniales de nuestro carnaval. Durante cuatro años estuve inscrito como investigador del carnaval con la Fundación Carnaval de Barranquilla, la cual me suministró la credencial que me permitía ingresar sin obstáculos para tomar las más de 4.000 fotografías en los desfiles y presentaciones escénicas que tengo en mi archivo de esas maravillosas danzas que desde niño me habían fascinado.

 

CAMBIO: ¿A qué criterio obedece la selección de 16 danzas?

 

E.M.D.: Esas son las 16 danzas emblemáticas y tradicionales que certificó la Unesco en París, basada en la documentación que preparó una comisión de especialistas, como uno de los más importantes aportes folclóricos para declarar al Carnaval de Barranquilla obra maestra del patrimonio oral e inmaterial de la humanidad el 7 de noviembre de 2003. Las danzas más significativas por su presencia permanente en el carnaval a través de su historia son la Danza de Congos, Danza-Comparsa de Marimondas, Danza del Garabato, Danza-Comparsa de Monocucos, Danza del Paloteo, Danza de Coyongos, La Cumbiamba, Danza Son de Negro, Danza del Gallinazo, Danza de Diablos Arlequines, Danza Farotas de Talaigua, Danza Imperio de las Aves, Danza Indios de Trenza, Danza del Caimán, Danza de Micos y Micas y Danza-Comparsa Negritas Puloy.

Danza Negro Son
Danza Son de negro.

CAMBIO: ¿Existe documentación fidedigna acerca de sus orígenes o es más información que se ha ido transmitiendo de boca a boca a lo largo de los años?

 

E.M.D.: Casi todas tienen un halo de misterio alrededor de sus orígenes. Por ejemplo, cuenta la leyenda que el 11 de noviembre de 1811, día que se proclamó la independencia de Cartagena, los habitantes de Santa Cruz de Mompox salieron a las calles a bailar imitando el movimiento de los coyongos, aves zancudas que habitan las zonas ribereñas del río Magdalena, alimentándose de peces en sus orillas. Ese fue el germen de la Danza de Coyongos, que es de carácter imitativo, ecológico y surrealista, recreada luego por pescadores de Mompox hacia 1910 e integrada más tarde al Carnaval de Barranquilla por su director Baltasar Sosa Noguera en 1978.

Según la tradición oral, la Danza del Garabato, una de las danzas más representativas del Carnaval de Barranquilla, tuvo un origen humilde entre familias pobres de Ciénaga (Magdalena) que llegaban por el río Magdalena al barrio Rebolo, igual que muchas danzas, comparsas y disfraces que arribaron a Barranquilla por el río. La Danza Diablos Arlequines, en su versión carnavalera, traza sus inicios a la etapa colonial cuando los españoles catequizaban a los indígenas con sus creencias religiosas, el temor a dios y por supuesto al diablo. Una vez implantada la religión católica, cuando ya no se necesitaba como instrumento evangelizador, esta danza fue prohibida, pero resucitó en los municipios de Sabanalarga de la mano de Apolinar Polo Morales como Danza de Diablos Arlequines y en Campo de la Cruz (Atlántico) como Danza de Diablos Espejo bajo la dirección de Plutarco Lastra Valencia, pero ya desprovistas del simbolismo religioso de sus inicios.

Es una danza tan hermosa como provocadora, nació como reflejo de la imposición cultural europea. En su representación teatral, diablos enmascarados llegaban a la iglesia con cueros de carnero a sus espaldas, espuelas y sonajeros, amenazando al Santísimo, en cuya defensa salían los negros macheteros. Según cuenta Gastón Polo Payares, director de la Danza de Diablos Arlequines, su padre, Apolinar, fue el verdadero creador de esta danza, inspirándose a su vez en la figura de Marcial Lavalle Moreno, un personaje de Sabanalarga que a mediados de los años 30 del siglo XX, solía recorrer las calles del municipio durante los carnavales disfrazado de diablo, haciendo gala de su histrionismo paródico y arrojando bocanadas de fuego en los desfiles a cambio de algún dinero.

Sería muy largo enumerar aquí el origen de cada una de las 16 danzas pero todas ellas son el fruto de personas creativas de extracción popular, campesinos, pescadores, trabajadores industriales, vendedores de frutas en el mercado público de Barranquilla, el alma del pueblo, que se inspiraron en mitos, leyendas de la tradición oral o recuerdos alimentados por la nostalgia del terruño, desplazadas por la necesidad o la violencia.

"El Carnaval de Barranquilla contribuyó a la consolidación de nuestra personalidad de región alegre, descomplicada, mamagallista, pero también de colectividades que han dejado un legado histórico en todas sus manifestaciones creativas, con proyección nacional y alrededor del mundo".

CAMBIO:   De acuerdo con lo que muestra el libro, este  es un homenaje no solo al Carnaval de Barranquilla sino también a los orígenes y desarrollo de diversas manifestaciones originadas en diversos puntos de la región Caribe. 

Torito
Danza del torito.

E.M.D.: Si bien ciertas danzas y comparsas son autóctonas del Carnaval de Barranquilla, algunas de ellas migraron a la ciudad procedente de diversas regiones del Caribe colombiano, en especial de los departamentos Atlántico, Bolívar, Magdalena, y de manera preferencial de poblaciones ribereñas como Mompox, Santa Lucía, Sabanalarga y también de Santa Marta, Ciénaga y Cartagena. La mayor contribución indígena a los carnavales se manifiesta en las danzas Indios de Trenza Chimila e Indios Farotos, pero todas las danzas, de una u otra manera, han fortalecido nuestras manifestaciones folclóricas a través del sincretismo multiétnico que caracteriza nuestra cultura desde la época colonial.

Algunas danzas son el producto de algún artista popular que en un momento de su vida tuvo la feliz iniciativa de convocar a sus amigos alrededor de una idea, o de un grupo de personas que observaron en su región el germen de una comparsa o danza festiva y de manera gradual la desarrollaron. De esos humildes rudimentos surgieron propuestas que evolucionaron, enriqueciéndose con los aportes de sus integrantes, hasta desembocar en estas danzas que hoy por hoy se constituyen en patrimonio oral e inmaterial de la humanidad.

De hecho, mi libro es uno de los primeros trabajos en analizar de manera específica e individualizada la trayectoria y características de cada danza como manifestaciones del patrimonio oral e inmaterial del folclor caribeño. Es, en resumen, el estudio detallado de esta tradición carnavalera que traza sus orígenes en Colombia a la época colonial en palenques de esclavos, aunque la mayoría remontan sus inicios a diferentes épocas del siglo XIX y XX, en pueblos ribereños del río Magdalena y en tradicionales barrios barranquilleros.

Cumbiamba
Cumbiamba.

CAMBIO: ¿Podría decirse que Barranquilla se ha convertido, en muchos aspectos, como el lugar donde se reúnen diversas expresiones culturales y también de otra índole que refleja la cultura de toda la región Caribe?

 

E.M.D.: Sí, yo creo que esta ciudad reúne las condiciones para ser el microcosmos de toda la región Caribe de Colombia. A través de su historia, Barranquilla evolucionó en el transcurso de dos siglos de una aldea a orillas del mar Caribe en la desembocadura del río Magdalena, a una urbe ciclópea, crisol de culturas nacionales e internacionales y de numerosas subculturas del área caribeña en permanente interacción social y cultural por ser un puerto marítimo y fluvial que se enriqueció con el patrimonio cultural y étnico de sus inmigrantes de remotos pueblos y comunidades no solo del Caribe, sino también de regiones andinas y de lejanos países de Europa, Asia o vecinos de América Latina.

 

CAMBIO: ¿A qué se debe que haya sido Barranquilla ese punto de convergencia cultural, en una región con ciudades cargadas de más peso histórico, como Cartagena, Santa Marta o la misma Valledupar, que existieron desde los primeros años de la llegada de los españoles? ¿Tiene alguna relación con su condición de ciudad cosmopolita?

 

E.M.D.: Claro que sí, además de cosmopolita, es un crisol de culturas. Barranquilla se caracteriza por tener comunidades originarias de todas esas ciudades que mencionas y también de remotos países del mundo y de comunidades campesinas y urbanas de la región.

Farotas
Danza Farotas de Talaigua.

CAMBIO: ¿Qué papel juega, ya no Barranquilla sino de manera específica, el Carnaval con respecto a la evolución, consolidación pero también del patrimonio cultural de la región Caribe?

 

E.M.D.: A través de su larga historia, el Carnaval de Barranquilla contribuyó sin duda, y sigue contribuyendo, a la evolución y consolidación de nuestra personalidad de región alegre, descomplicada, mamagallista, pero también de colectividades que han dejado un legado histórico que se manifiesta en la producción de sus artistas en música, danza, literatura, artes visuales, artesanías y en todas sus expresiones creativas con proyección nacional y alrededor del mundo. Es también un factor aglutinante de las más diversas culturas que son la síntesis de nuestro patrimonio social e idiosincrasia urbana.