
Los hombres detrás del paro armado
Dos son los cabecillas que se disputan el control del Clan del Golfo: alias Chiquito Malo, experto en el control del narcotráfico, y alias Siopas, líder del ala militar.
Por: Javier Patiño C
Once departamentos del país están semiparalizados. Hay 150 acciones reportadas por las autoridades. Al menos 10 vías nacionales están bloqueadas. Doce homicidios han sido reportados. Ya se perdió la cuenta de los camiones y carros incendiados. Habitantes del sur de Bolívar, Santander, Sucre, Boyacá y Córdoba dicen que la presencia de la fuerza pública es mínima, cuando no totalmente inexistente. Semejante retrato es producto de un paro armado que supuestamente empezó para protestar por la extradición a Estados Unidos de Dairo Antonio Úsuga, alias Otoniel, jefe de la estructura criminal que parece superar en tamaño, control territorial e influencia, las antiguas Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), que en su momento comandó Carlos Castaño.
El paro armado deja imágenes de poblaciones aterrorizadas, viviendo un toque de queda con el comercio cerrado, con poblaciones patrulladas y controladas por hombres de civil portando fusiles automáticos y en algunos casos golpeando de manera inmisericorde, o disparando contra quienes se atreven a desafiar sus órdenes. Hasta hace unos días, en las evaluaciones de los organismos de seguridad el llamado Clan del Golfo, o los urabeños o Autodefensas Gaitanistas de Colombia (AGC), eran tenidos como bandas aisladas de narcotraficantes unidas bajo una razón social. Una especie de franquicia, donde cada capo local usaba la marca, ponía la bandera y pagaba un porcentaje del negocio a un pretendido comando central. Pocos analistas de inteligencia creían que estos criminales pudieran tener una capacidad de control como la que han exhibido en una inmensa zona del país durante las últimas 72 horas.
Como era previsible, el tema de la campaña presidencial ha sido mencionado en las amplias regiones donde se desarrolla el paro armado. Cambio conoció versiones encontradas en el sentido de que el paro está hecho para favorecer a un candidato o a otro. En el sur de Bolívar circuló durante la mañana del sábado un mensaje de WhatsApp amenazando a los potenciales electores de Gustavo Petro. Por otro lado, una fuente vinculada con una agencia de inteligencia estatal aseguró que existe una comunicación de Wilmer Antonio Quiroz, alias Siopas, en la que supuestamente manifiesta su simpatía por el candidato del Pacto Histórico. Es difícil saber qué tanto hay de realidad, y cuando de desinformación en estas versiones. Lo innegable es que el núcleo del Clan del Golfo está conformado por estructuras narcotraficantes residuales herederas de los paramilitares de Carlos Castaño, aunque también hay algunos exguerrilleros, incluyendo al propio Siopas. Sin embargo, los urabeños no se caracterizan por la fortaleza de su ideología sino por su voracidad por el dinero.
Artículo exclusivo para suscriptores
Suscríbete para acceder a todo nuestro contenido.
SuscribirmeLea los comentarios







