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Cultura

“Los narradores debemos defender nuestro derecho a tener tiempo para pensar”.

En Ceremonia, su novela, Felipe Restrepo se vale de una saga familiar para describir mucho de lo que sucede en los países de América Latina.

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Felipe Restrepo, foto de David Rugeles. Cortesía de Revista Diners.

CAMBIO. ¿Cuál es el encanto de las sagas familiares como los Ibarra, protagonistas de Ceremonia?

Felipe Restrepo Pombo. Las sagas familiares siempre me han fascinado. Desde que comencé a leer, muy joven, libros al azar en la biblioteca de mi casa, me interesé en particular por esas historias que recorrían las diferentes generaciones de una familia. Esta es una tradición extensa en la ficción: muchos autores lo han hecho, de manera brillante, antes que yo. Las grandes épicas y tragedias griegas son, en esencia, dramas familiares. Lo mismo ocurre con la gran literatura clásica y moderna europea. También lo han hecho algunos de mis escritores favoritos estadounidenses como Tom Wolfe o Truman Capote. Y, para no ir más lejos, las enormes sagas familiares latinoamericanas de Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes, Isabel Allende o Mario Vargas Llosa, por solo mencionar algunos. En los últimos años me impresionaron dos novelas familiares con una mirada muy original: Las correcciones, de Jonathan Franzen, y Canción dulce, de Leila Slimani. Estos dos enfoques tan particulares me ayudaron a encontrar el camino que tomé para construir a la familia Ibarra. Quise, entonces, retomar la tradición de la que hablé con una estructura más contemporánea.

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