Koki Nakano y las músicas acuáticas
Desde hace seis años Koki Nakano, un pianista y compositor japonés, está en el centro de las miradas. Su último álbum, dedicado al mar, invita a hacer relaciones y comparaciones con otros músicos que han navegado en esas mismas aguas.

Por Juan Carlos Garay
Hace apenas seis años el mundo empezó a conocer la obra del compositor japonés Koki Nakano. Sus presentaciones en centros culturales de París y su primer álbum, publicado por una casa disquera francesa, conmovieron a un sector de la prensa que alabó “su trabajo ecléctico y enriquecedor”. Su instrumento es el piano, que interpreta con mucha delicadeza y algo de misterio: uno se deleita, pero también se pregunta si esas melodías van hacia algún lado en concreto o son simples pensamientos errantes. En eso se asemeja mucho a la música del compositor francés Erik Satie, con quien han sido inevitables las comparaciones.
Solo que Nakano tiene a su favor un recurso adicional, propio de su tiempo. Al sonido del piano le suma algunos efectos electrónicos, logrados a través de computadores y que utiliza con sutileza. A veces un eco que puede resaltar el espíritu nostálgico de unos acordes; otras veces unas notas agudas se transforman en gotas de agua. Son trucos muy efectistas, desde luego, pero dejan en el aire una buena pregunta: si un compositor del Romanticismo, por ejemplo, hubiera tenido acceso a ellos, ¿no los habría utilizado también?
El nuevo disco de Koki Nakano se llama Oceanic feeling y está integrado por doce piezas cortas para piano y electrónica. El título surge de una carta que el escritor Romain Rolland le envió a Sigmund Freud en 1927. Rolland le confesaba al padre del psicoanálisis que había experimentado “una sensación de eternidad, como si me hiciera uno con el mundo exterior, con la totalidad”. A ese fenómeno lo llamaba la sensación oceánica.
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