De la economía naranja al estallido cultural y tributario
La economía naranja fue un rotundo fracaso político a pesar de que tuvo un relativo buen desempeño en algunos de sus instrumentos. Análisis de un experto en políticas culturales.

Por David Melo
Fotos: Colprensa
Artistas, intelectuales y gestores culturales de todos los rincones del país rechazaron durante cuatro años la economía naranja, uno de los conceptos bandera del proyecto político del expresidente Duque. Hoy celebran esperanzados los anuncios del estallido cultural del presidente Petro, que reconoce el papel central que ha tenido la cultura como escenario de resistencia, de crítica y de reflexión en el largo camino del conflicto político y social de nuestro país.
La llamada economía naranja es el resultado de una larga historia de análisis de las relaciones entre cultura y desarrollo y, en particular, del diseño de estrategias para darle sostenibilidad a las artes, los medios y el patrimonio cultural, sostenibilidad entendida de manera integral -social, cultural, política, ambiental, tecnológica, económica-, y cuyo referente más divulgado desde hace décadas es el concepto de industrias culturales. Estas industrias han tenido diversas iniciativas de política pública, las primeras -restrictivas- en 1918, Fondo de los Pobres, o 1932, para sufragar gastos de la guerra contra el Perú, las dos gravando los espectáculos públicos. Después vinieron las leyes de fomento del cine de 1942, la llegada de la televisión pública en 1954 y la ley Esmeralda Arboleda para el fomento del libro en 1958, para mencionar solo algunas de las iniciativas de protección e incentivo más antiguas.
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